Dilma cuestionada, Temer cuestionable


Michel Temer, el nuevo presidente de Brasil -y antiguo vicepresidente con Dilma Rousseff- había insistido mucho en este punto: la votación para la revocación de la presidenta tenía que incluir su inhabilitación política. Temer, el viejo muñidor en las sombras de la política brasileña, tenía muy claro por qué: la destitución, aunque formalmente legal, no deja de ser una jugarreta política, y él sospechaba que algunos senadores, que iban a votar contra Dilma no porque la crean culpable sino porque la consideran incompetente, podían intentar tranquilizar su conciencia dejándole sus derechos políticos intactos. Y así ha sido.

¿Qué importancia tiene esto? Potencialmente, bastante. Sin la inhabilitación, Dilma puede recurrir su destitución ante el Tribunal Supremo Federal. Es cierto que será difícil que el Supremo revoque una decisión tan solemne del Senado, pero no es imposible. En todo caso, la mera posibilidad de un vuelco hace que el asunto no termine aquí, como esperaba Temer.

Sobre todo, Temer habrá visto con suspicacia como la decisión de dividir el asunto en dos votos separados recibió el apoyo crucial de Renan Calheiros, el presidente del Senado. Calheiros, que pertenece al mismo partido que Temer (el centrista PMDB) fue su principal aliado en la operación para desalojar a Dilma del poder. Que ahora se desmarque de esta forma se interpreta como una señal de que aspira a desplazar a Temer en las elecciones del 2018, o antes si no completa el mandato que comienza hoy.

Y es que a Temer se le acumulan los problemas. Los escándalos del PT de Dilma afectan por igual al PMDB, con el que formaba coalición en el gobierno. Temer, en concreto, aparece implicado en varios casos graves de financiación ilegal y cobro de comisiones. Desde que formó su gobierno provisional no han dejado de fugárseles ministros, y entre esas dimisiones es particularmente significativa la del ministro para la lucha contra la corrupción.

Esa es la gran paradoja de este proceso revocatorio que llegaba ayer a su gran clímax. Aunque medio Brasil piense que se ha destituido a la presidenta por meter la mano en la caja, en realidad ha sido por un discutible truco contable para enmascarar el déficit. Es el presidente que toma su lugar quién sí está de momento implicado personalmente en casos de corrupción. En definitiva, Brasil se ha deshecho de una presidenta cuestionada para sustituirla por un presidente cuestionable.

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