La sanitaria italiana, con depresión, les inyectaba un anticoagulante que no les habían prescrito
01 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Aquella noche de agosto del 2015 Fausta Bonino mostró su satisfacción tras medicar a Marcella Ferri: «Al menos así duerme», pero la paciente ya no volvió a despertarse. La enfermera le había inyectado una bomba de heparina, un anticoagulante que no le había sido prescrito y que resultó fatal para la paciente, que además recibió una dosis diez veces superior a la recomendada.
Marcella era la víctima número 12 de Bonino, una enfermera italiana de 55 años con más de 20 de experiencia, casada y con dos hijos. Ayer fue detenida por la unidad especial de los Carabinieri de Livorno (Toscana) bajo la acusación de haber asesinado a 13 pacientes del hospital de Piombino entre los años 2014 y 2015. Las víctimas son hombres y mujeres de entre 61 y 88 años ingresados en la unidad de cuidados intensivos con diferentes afecciones, pero ninguna de especial gravedad. Casi todos presentaban insuficiencia respiratoria o estaban en posoperatorio y doce 12 murieron por hemorragia interna y uno por paro cardíaco.
Bonino tomaba fármacos contra la depresión. Sufría ataques de ansiedad y en alguna ocasión intentó achacar su estado a supuestos ataques de epilepsia: «Ayer le dije a Paola [una compañera] que... habré tenido... epilepsia. Hubo momentos en que empecé a dudar de mí, a preguntarme si no habría tenido momentos en que no sabía qué hacía». Se habla también de abuso de psicofármacos y de alcohol.
La investigación se inició tras dos denuncias del propio hospital, extrañado del anormal aumento de fallecimientos en la unidad de reanimación. Los turnos en los que ocurrían las muertes pusieron a los investigadores sobre la pista de Bonino, y pincharon su teléfono y pusieron cámaras. La propia enfermera bromeaba al teléfono sobre esto: «Si tenéis que hacer morir a alguno, hacedlo antes de que vuelva, porque si el único día que estoy se me mueren tres...». Cuando Bonino fue trasladada de unidad, los fallecimientos bajaron.
Las investigaciones dibujan el retrato de una mujer calculadora y despiadada, que no duda en crear diversas versiones que involucran a colegas con el único propósito de excluirse: «No recuerdo, Paola, ¿le hiciste tú, Sandra o yo el análisis? No estoy segura», pregunta a una colega que le responde: «No, Fausta, se lo hiciste tú». Para el comandante Erasmo Fontana, que coordinó la pesquisa, Bonino sufre «altibajos de su depresión» y además «no tiene plena consciencia de lo que ha hecho».
En el hospital de Piombino ayer nadie quería hablar: «Se puede imaginar nuestro estado de ánimo», decía una enfermera mientras la unidad de reanimación permanecía cerrada.