Las Américas: La gira de Obama, ¿marketing político o cambio de tercio?

La gira llevada a cabo la semana que ahora concluye por el mandatario de la primera potencia mundial por Cuba y Argentina ha marcado un hito en la historia reciente de dos países tan distantes y distintos del nuevo continente, cuyos efectos no van a pasar desapercibidos.


A CORUÑA

Para los más escépticos este viaje no deja de ser puro marketing político de un presidente muy pragmático que está viviendo los últimos meses de su segundo y último mandato, después de haber defraudado muchas de las expectativas que suscitó su elección hace ocho años. Para casi todos los demás es parte del cambio de ciclo que se está gestando en Las Américas.

América del Sur ha sido durante décadas el patio trasero del norte, del que los amos del imperio han usado y abusado a su antojo. Lo han utilizado como granero, han robado a manos llenas sus ingentes recursos humanos y materiales, han puesto y quitado dictadores e incluso han financiado sus obscenidades políticas. 

Durante una buena parte de esa etapa han tenido como competidor y/o coartada al castrismo, una mosca cojonera que nació y creció en el Caribe donde, como no hay estaciones, se mantuvo viva a lo largo de todo el año y fue engordando con el paso del tiempo.

Si por algo se caracterizó la política de los distintos inquilinos de la Casa Blanca en relación con la Antilla Mayor no fue por su inteligencia. Lo primero que lograron fue echar al barbudo de La Habana en manos de la Unión Soviética y hasta lograron hacerlo marxista, algo que al hijo del terrateniente Ángel María Castro Argiz, oriundo de las tierras de Lugo, ni se le había pasado por la cabeza.

Por la fuerza lo intentaron pero no lograron acabar con él que, cuando lo consideró pertinente -de esto hace ya casi una década- se retiró a un segundo plano y lo dejó todo atado y bien atado en manos del hermanísimo Raúl. 

Cuando la vaca de Moscú dejó de dar leche, los Castro le echaron el ojo a un comandante golpista de la rica Venezuela que, en vez de emperrarse en tomar el poder por las armas probó fortuna en las  urnas y la jugada le salió redonda.

Cuando la biología acabó con la vida del rico mecenas y el mercado petrolero con los excedentes de dólares, a los Castro Ruz les faltó tiempo para hacerle un guiño al presidente más pragmático de la historia reciente del Imperio y, tras los discursos, el partido de béisbol en el Estadio Latinoaméricano de La Habana con Raúl y Barack juntos en la grada y los encuentros privados, las cosas yo nunca volverán a ser lo que han sido en las últimas décadas ni para los ciudadanos de a pie ni para los intereses económicos de ambos países. Y todo ello sin que los cubanos tengan que rendirle pleitesía a todos aquellos que quieran disfrutar a sus anchas de los mojitos y las playas de la isla, solos o acompañados de sus mulatas. 

Y en Buenos Aires, un tango

De La Habana los Obama siguieron viaje a Argentina, haciendo la ruta inversa de Ernesto Che Guevara, aquel joven médico aventurero que acabó jugando un papel estelar, no sólo en la Cuba castrista, también en el subcontinente y otras partes del mundo como icono revolucionario.

En  Buenos Aires  les aguardaba  un Mauricio Macri, recién instalado en la Casa Rosada, la sede de la presidencia de Argentina, un gran país que tocó fondo hace 40 años con una sangrienta dictadura militar tutelada, al menos en un primer momento, desde Washington y en la que se abre una nueva etapa de la mano de un presidente cuya elección todo apunta que supone una ruptura histórica con décadas de peronismo y kischnerismo, dos versiones de una extraña mezcla de populismo y autoritarismo, debidamente condimentadas con altas dosis de corrupción y demagogia. 

Obama y Macri dicen apostar de cara al futuro por una relación «madura, inteligente y constructiva». La colaboración entre ambos países puede ser clave para hacer realidad la «pobreza cero», uno de los puntos claves del programa de gobierno de Macri y los avances en materia de educación, ciencia y tecnología.

Los acuerdos en materia de seguridad y comercio pueden ser determinantes para frenar los avances del crimen organizado y el narcotráfico que, según recientes declaraciones del presidente argentino, han hecho del país el tercer exportador de cocaína de América Latina.

Obama admitió implícitamente la colaboración de los servicios de inteligencia de su país con la dictadura militar argentina, prometió desclasificar documentos para que se conozca la verdad  alabó la valentía y tenacidad de las familias de las víctima de la reprensión. ¡Casi nada si se hace realidad!

En medio del apretado programa que llevaba, Obama aún tuvo tiempo para el arte y bailar un tango tras la cena de gala que le ofreció Macri. Según los entendidos, no se le dio mal, pero eso no le libró de fuertes críticas, especialmente en su país por lo inoportuno de ese gesto festivo solo horas después de la masacre terrorista de Bruselas.

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