Macedonia está rechazando la entrada de sirios que proceden de zonas sin combates, como la capital, Damasco
08 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Se conocieron hace un mes en Turquía. Mohamed, 22 años, asegura que una mirada bastó para saber que Guina, de 18, iba a ser la mujer de su vida. Empezaron su camino hacia Europa juntos, siempre juntos. El miedo a que los separaran en la frontera que separa Grecia de Macedonia los ha llevado a casarse en las vías del tren de Idomeni. Cogidos de la mano llamaron a sus familias en Damasco, pidieron permiso a sus padres y los hermanos firmaron los papeles. Ahora están casados. No importa que las autoridades de Macedonia consideren que la capital de Siria es un lugar seguro porque a ellos nadie los va a separar.
«La luna de miel será en Turquía o Emiratos Árabes», sonríe Mohamed nervioso. Hace tan solo unos minutos que le ha dado el sí quiero a su mujer. «Lo de los hijos lo dejaremos para dentro de unos años», bromea. No tienen anillos, tampoco celebración con los suyos y la noche la pasarán en una tienda de campaña azul. No les importa porque lo único que quieren es que no los separen antes de llegar a su destino final, en Alemania.
La prueba de que la esperanza no ha desaparecido en medio del caos que se adueñó de la frontera de Grecia. Según los demandantes de asilo, Macedonia está rechazando a todos los que tienen el sello de Turquía en su pasaporte o son de zonas donde ellos consideran que no hay combates como Damasco, Latakia o el Kurdistán iraquí.
En la puerta de hierro rodeada de concertinas que custodian los policías macedonios volvemos a ver las mismas caras. La frontera está cerrada. Durante las últimas horas nadie ha entrado en la vecina Macedonia. Mohamed y Guina han sido rechazados por ser de Damasco pero, aún así, vuelven a la fila. Aseguran que no se moverán de allí y que el día que lo hagan será para cruzar como marido y mujer. «No hay otra opción», sentencia Mohamed. El miedo al cierre total de las fronteras hace que muchos acudan a apuntarse al plan de recolocación del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) .
«He vendido mi casa en Afrin. Ahora me dicen que mi ciudad es segura y no puedo volver. ¿Cómo me voy a quedar en Grecia atrapado? He llamado para apuntarme en las listas pero solo quiero ir a Alemania», relata Horo. Fadh espera en una de las tabernas de Evzoni la entrevista para acceder lo antes posible a la reubicación. No tiene claro si es lo que quiere porque su familia está en el país germano y en la lista tiene que escribir el nombre de ocho países.
Empieza a diluviar en Idomeni. Pegados a los teléfonos móviles las miles de personas que se agolpan en la frontera solo tienen una pregunta; ¿Ha terminado la reunión en Bruselas? ¿Ocurrirá un milagro? «Quizás Angela Merkel haga lo mismo que en Hungría. Ella es la única que nos puede salvar». La joven Guina no renuncia a pensar que en unos días dormirá en territorio teutón.
Grecia ha asumido que ha dejado de ser un país de tránsito para convertirse en base permanente de miles de refugiados. Las autoridades han anunciado la apertura de otros quince campos de acogida en Atenas y el centro del país con capacidad para 17.500 personas. Insuficientes para los 36.000 demandantes de asilo que hay ahora mismo atrapados en el país heleno, y se esperan más. Todos los días llegan barcos desde las islas orientales repletos de personas que huyen de la guerra.