La tormenta que asola la costa este del país dejó sin electricidad a miles de hogares y 85 centímetros de nieve
25 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.El sol de la mañana del domingo en la Costa Este estadounidense iluminó un paisaje centelleante y blanco. «Sobrevivimos», declaraba Andrew Cuomo, gobernador de Nueva York, antes de anunciar que poco a poco se irían restableciendo los transportes públicos suspendidos el día anterior. Y lo mismo sucedía en el resto de los Estados afectados: una franja de 1.600 kilómetros que el sábado sufrió una de las tormentas de nieve más feroces en la historia de Estados Unidos.
Récord de acumulación en muchas ciudades y muy cercano a las marcas extremas en el resto: 81 centímetros en algunas localidades de Virginia; 85 centímetros de nieve en varias de Pensilvania y la segunda mayor nevada de la historia de Nueva York. Aunque toda la costa Este estaba en alerta desde el viernes y las autoridades habían anunciado que la nevada sería importante, cuando llegó fue más de lo esperado. A lo largo del sábado varios estados declararon la situación de emergencia, lo que significa que las carreteras y autopistas se cierran a la circulación de vehículos que no sean de emergencia.
La ciudad de Nueva York prohibió el tráfico en los túneles y puentes que la unen con el vecino Nueva Jersey y con Long Island, cerró los aeropuertos, suspendió las líneas de metro que transcurren por el exterior, el servicio de autobuses y los trenes, tanto los de cercanías como los de largo recorrido, además del tráfico particular por las calles de la isla de Manhattan desde la tarde del sábado.
La inmensa mayoría de los sesenta millones de ciudadanos que habitan la franja que barrió la tormenta no tuvieron más remedio que permanecer en sus casas porque, además, al prohibirse la circulación de vehículos y cancelarse el transporte público, los comercios, espectáculos y restaurantes cerraron. En la mayoría de las localidades golpeadas por la tormenta alrededor de las cuatro de la tarde del sábado ya no podía encontrarse nada abierto. Una actividad insólita, la de quedarse en casa, para muchísimas personas, quizá más llamativo porque se trata de una ciudad que nunca duerme. Pero el estado de calles y carreteras lo hacía obligatorio, ya que las bajas temperaturas convirtieron las calzadas y aceras en pisas de hielo y además había fuertes rachas de vientos.
El frío deja 20 muertos
Fueron esas condiciones las que provocaron los veinte muertos que, hasta el momento, se han registrado por la tormenta. Muchos de ellos se debieron a accidentes de circulación, y el resto por infartos en personas que estaban quitando la nieve con palas en las aceras o en las entradas de sus hogares.
Además, cerca de 12.000 vuelos cancelados y cortes de electricidad que en el peor momento afectaron a 250.000 hogares. La situación más difícil la vivieron en algunas zonas bajas de Carolina del Sur y Nueva Jersey porque la tormenta provocó fuertes inundaciones. Pero el sol del domingo iluminó un paisaje blanco y en apariencia amable que lanzó a las calles y los parques a cientos de miles de personas con trineos, esquíes o solo con botas de nieve a disfrutar de la calma después de la tormenta.