El Estado Islámico lincha a una adolescente arrepentida

Laura Fernández Palomo AMÁN / CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

Samra, una austríaca de 17 años, intentó escapar después de viajar a Raqa con su amiga Sabina, de 15, el pasado año

27 nov 2015 . Actualizado a las 01:03 h.

Sus ojos claros frente a un Kalashnikov se convirtieron en un icono propagandístico para el Estado Islámico. Rodeadas de armas y hombres de negro, Samra Kesinovic, de 17 años, y Sabina Selimovic de 15, dos amigas que en el 2014 cambiaron Viena por Raqa, protagonizaron las campañas del grupo terrorista para el reclutamiento de mujeres. Pero el sueño que les vendieron los psicópatas del califato pronto se convirtió en un peligroso viaje sin retorno. Samra fue linchada hasta la muerte al intentar escapar, según el testimonio de una tunecina que convivía con ellas y que logró huir. Sabina pereció a finales del pasado año en combates, según declaró un experto de la ONU en diciembre.

«No nos busquéis. Serviremos a Dios y moriremos por él», escribieron las dos adolescentes en la nota de despedida a sus padres, refugiados bosnios, en abril del 2014. Ambas decidieron dejar el colegio, a su grupo de amigos en Viena y a su familia para viajar a Raqa, la capital siria del califato, convertirse al islam, cubrirse con un niqab su larga y rubia melena y ser concubinas de los combatientes.

Reclutador

Las autoridades austríacas consideran que un clérigo musulmán, conocido como Abu Tejda, consiguió lavarles el cerebro para que cogieran un avión a Turquía, desde donde cruzaron a Siria. Al poco de llegar fueron entregadas en matrimonio y se cree que al menos Sabina llegó a estar embarazada. Seis meses después, en octubre, trascendía que las jóvenes deseaban volver a sus casas.

La vida de Samra y Sabina consistía en obedecer las directrices que la brigada femenina de Al Khanssa ha dado a conocer en un foro yihadista. Las reglas son sencillas: estar en casa y ejercer como buena esposa. Cuidar a los maridos y a los niños son los únicos quehaceres diarios y tan solo tienen permitido salir a la calle en circunstancias especiales, pero advierte el memorando que eso no significa mujeres analfabetas o ignorantes. Pocas han servido en combate.

El Estado Islámico diferencia entre trabajar fuera de casa y estudiar, que es a lo que se debe dedicar una mujer antes y después de los nueve años, edad en la que ya es legítimo contraer matrimonio y comienza el papel de «incubadora» de futuros combatientes para el grupo terroristas. Un aislamiento dentro y fuera de casa que solo tiene como alternativa la muerte.

Los expertos no se ponen de acuerdo sobre las motivaciones que llevan a decenas de jóvenes europeas a creerse las «promesas del paraíso» y a abandonar sus casas para vivir en medio de un conflicto, en muchos casos sin electricidad y sin servicios básicos, como esclavas sexuales. La mayoría siguen los pasos de sus maridos combatientes. Otras, son captadas por los reclutadores en Europa, como Samra y Sabina, o a través del paraíso que les vende el EI en las redes sociales. Es probable que Samra y Sabina posaran forzadas en las fotografías que las han popularizado y que ellas mismas difundían en Twitter cubiertas por un velo integral.