Psicólogos y profesores preparan un plan para explicar a los niños los atentados de París resolviendo sus dudas y evitando dramatizaciones
22 nov 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Los únicos que se salvaron de la masacre de París fueron los niños. A falta de una confirmación oficial, parece que la suerte ha decidido que ningún pequeño esté entre las víctimas de los atentados. Otro asunto es que toda esa onda expansiva de barbarie, sangre, miedo y cristales rotos no les haya rozado, no les haya manchado.
Haizea, de 8 años, mira el monumento de La République y los tenderetes de las televisiones con una mirada serena y azul. En el monumento a la resistencia del pueblo de París, ella y Ekain, su hermano de 10, son un reducto de inocencia en el escenario del horror. Por eso tal vez los parisinos los miran fijamente, como si quisieran recuperar la ingenuidad perdida. Haizea tendría que haber estado en el Stade de France el viernes, pero su tío no pudo llevarla al partido. Lo veía por la tele con su hermano cuando oyeron una explosión. «¿Qué es eso?», preguntaron. Su padre les dijo que habían tirado un petardo, que a veces esas cosas pasan. Después nos dimos cuenta de que no», explica Nora Lizarza, una abogada española de 43 años que vive en París desde el 2002. El sábado, en la familia tuvieron que enfrentarse a lo obvio: había pasado algo y había que contárselo. «Les dijimos que teníamos que hablar. Que se habían cometido unos ataques contra París, que sus autores eran unos terroristas que lo hicieron por su religión. Les contamos que era la religión de algunos de sus compañeros y que la habían entendido mal». «Me sentí triste. Era algo malo», recuerda Haizea. Se metió en su habitación y dibujó con su hermano mayor una postal: una bandera tricolor, dos corazones y un 'Vive la France'. Preguntó que dónde debía enviarla y el domingo sus padres los llevaron a la plaza de La République a entregar ese enorme regalo y cantar la Marsellesa.
El pasado lunes, el Estado envió a los colegios equipos de psicólogos para hablar con los alumnos y asesorar a los profesores. El dispositivo fue más fuerte en los lugares cercanos a los sucesos del viernes.
Sin paños calientes
Francia relató a sus escolares la tragedia de una manera directa, sin paños calientes. «No sabíamos lo que era un kamikaze», cuenta Ekain. «Nos explicaron lo que eran los chiíes y los suníes, y otras cosas. Después hicimos preguntas todos. Los profesores nos dijeron que habíamos hecho algunas observaciones muy buenas». Ekain preguntó, por ejemplo, por qué habían hecho homenajes a los muertos el viernes en París y no a los que perecieron en el avión ruso que cayó en Egipto, un suceso que ya conocía antes del viernes de los ataques. Los niños franceses están bien informados de la actualidad.
Pero, pese a todos los esfuerzos, la sinrazón deja huecos difíciles de llenar. «Mamá, ¿qué es el terror?», preguntaba el lunes frente a las velas de La République Anne Lapeyre, a sus 5 años. En ese momento, Caroline, su madre, solo llegó a arquear las cejas y contener las lágrimas: «Cariño, hay gente que quiere hacer el mal a los demás».
Informar controlando el miedo
Los pequeños son los más sensibles a la angustia que viven sus seres cercanos, incluso más que a los hechos en sí. Por ello, los expertos recomiendan explicar las cosas en familia, en tono calmado, recurrir a las palabras y evitar la exposición a las imágenes que suele ofrecer la televisión. En Francia hay varios medios de comunicación dedicados a explicar la actualidad a los jóvenes. «Le Petit Quotidien» sacó a la calle ese fin de semana una edición especial sobre los atentados con preguntas y respuestas que incluyen los suicidios, la elección de objetivos terroristas, la locura, el extremismo religioso, el duelo nacional, el contexto internacional o los apoyos de otros países que recibe Francia.