La Francia del 93

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

INTERNACIONAL

Cuenta George Packer en The New Yorker que a Fouad Ben Ahmed nunca le gustó la revista Charlie Hebdo. No se reía con ella. Incluso le parecía que la publicación tenía cierta fijación con el islam. Pero no se sentía herido por las caricaturas. Packer escribe que Ben Ahmed hizo a sus hijos suscriptores de una publicación para niños, Le Petit Quotidien. En sus páginas dibujaba uno de los ilustradores de Charlie Hebdo, Stéphane Charbonnier. Después del asesinato de Charbonnier y de varios de sus compañeros, Ben Ahmed decidió salir de su barrio, en la periferia de París, para unirse a las concentraciones de duelo en el centro de la ciudad. Tirando del hilo, el reportaje, titulado «La otra Francia», retrata el departamento 93, los suburbios. Se afirma que existe más distancia psicológica y social entre el 93 y los Campos Elíseos que entre el Bronx y Times Square. En el texto quedan dibujadas muchas Francias. La del joven pandillero condenado de antemano a tener tarifa plana en más de una prisión. La del trabajador que ha logrado salir a la superficie y que sigue intentando repescar a sus vecinos del lodo del fondo. La del islamista que promete que votará a Marine Le Pen porque la considera una referencia antisemita (y los enemigos de sus enemigos son sus amigos). La de ciudadanos que no se sienten franceses, pero tampoco argelinos. Puede que en realidad solo sean de su barrio y esa bandera les pesa demasiado. Alguno de ellos acabó encontrando su patria en el Estado Islámico, que les prometía otra libertad (para matar), otra igualdad (para morir), otra fraternidad (la de la yihad). Por lo visto, para ciertos individuos es fácil sacarse el pasaporte a la guerra. Física y mentalmente. En Francia, Bélgica, Reino Unido, España... Lo verdaderamente complicado siempre ha sido vivir, intentar nadar con todos los lastres del mundo tirando hacia abajo. Ese tendría que ser el objetivo. Pero no es el discurso que se ha lanzado desde muchas atalayas. Se ha escupido odio en nombre de Dios. Se han reído muchas gracias hasta que se han convertido en tragedias. Se ha flirteado con los yihadistas a conveniencia. Y en ríos revueltos como el 93 hemos naufragado todos.