El presidente palestino aplaca los ánimos de intifada

Mahmud Abás hace un llamamiento a la calma a los suyos e insiste en que «no queremos una confrontación armada con Israel»


Jerusalén / colpisa

En medio de una jornada de violencia en Nablus, Belén o Qalandia con decenas de manifestantes heridos y detenidos, el presidente palestino, Mahmud Abás, hizo un llamamiento a la calma a los suyos e insistió en que «no queremos una confrontación armada con Israel». Los tambores de intifada, que sonaban en los despachos y medios israelíes -Yediot Ahronoth ya hablaba el domingo del inicio de la tercera intifada- y que estaban en boca de los portavoces de Yihad Islámica o Hamás, se dieron de bruces con un Abás que apeló al uso de «medios pacíficos, nada más».

Pese a anunciar el final de los Acuerdos de Oslo en la ONU, el dirigente palestino mantiene un pacto de seguridad con Israel que tiene sus raíces en estos acuerdos y que desde el 2005 ha reprimido cualquier alzamiento violento contra la ocupación. En las mismas calles de Belén, esta vez se permitió la lucha callejera con los soldados israelíes. Miles de personas asistieron al funeral de Abed Rahman Abdala, de 13 años, abatido de un disparo en el pecho por el Ejército. Los israelíes admitieron posteriormente que se trató de un «accidente» y que el objetivo era un adulto que se encontraba junto al pequeño. Demasiado tarde.

En la «jornada de la ira» en Belén, Nablus o Qalandia no hubo ni rastro de los agentes palestinos acostumbrados a sofocar cualquier tipo de manifestación violenta contra la ocupación. Unos agentes que seguramente volverán a las calles de Cisjordania después de la cita de anoche entre la cúpula del Ejército israelí y del aparato de seguridad palestino con el objetivo de reducir la tensión en los territorios ocupados, según Haaretz.

Derribo de casas

Las palabras de Benjamin Netanyahu son órdenes y las fuerzas de seguridad aplicaron ayer la mano dura prometida por el primer ministro a los israelíes para frenar el «terrorismo palestino». Las fuerzas de seguridad demolieron las casas de dos familias a las que pertenecían tres palestinos que llevaron a cabo ataques contra judíos en el 2014.

Esta medida ha sido criticadas por organizaciones de derechos humanos que la califican de castigo colectivo que provoca el efecto contrario al buscado.

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