Berlín exige un Consejo de la UE para doblegar a los países rebeldes del Este

Amenaza con dejarlos sin ayudas europeas si se niegan a acoger refugiados


Berlín / E. La Voz

«Hay situaciones en las que hay que actuar, no podía esperar doce horas», declaró ayer Angela Merkel en una rueda de prensa conjunta con su homólogo austríaco, Werner Faymann. La canciller alemana defendía así una vez más su decisión del 5 de septiembre por la que abrió las fronteras a miles de refugiados que se agolpaban en Hungría. Sin embargo, lo que para ella fue una «medida humanitaria», para sus socios bávaros de la CSU fue una decisión «errónea».

Pero pronto, el flujo de refugiados que llegó a Alemania superó todas las expectativas y, el pasado domingo, Merkel restableció controles en la frontera con Austria; controles que aún nadie se atreve a decir cuánto tiempo se mantendrán. Pese al giro de ciento ochenta grados en su política de asilo, los cancilleres de Alemania y Austria apelaron ayer a «recuperar el espíritu europeo de solidaridad», y solicitaron que se celebre un Consejo Europeo extraordinario para tratar la crisis migratoria. Al final serán los jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea quienes deberán resolver la crisis de los refugiados.

El encuentro se espera tenga lugar la semana que viene. El objetivo no sería tanto debatir sobre las cuotas de reparto, que queda en manos de la próxima reunión extraordinaria de ministros de Interior de la UE (adelanta al 22 de septiembre), sino en facilitar los trámites de registro e identificación de los refugiados, y de agilizar la construcción de centros de atención primaria. «El tiempo apremia, no podemos esperar hasta mediados de octubre», apostilló la canciller alemana.

Controles en Austria

Por su parte, el jefe del Gobierno austríaco lanzó un dardo envenenado al recordar que la Unión Europea ha recibido el Premio Nobel de la Paz, y que «no es momento de escurrir el bulto». Werner Faymann insistió en que se trata de un reto conjunto de todos los Estados miembro y que Alemania, Suecia y Austria no pueden asumir solos. «Si no se actúa ahora, el proyecto europeo está en serio peligro. No podemos dejar en la estacada a los solicitantes de asilo», apuntó.

Pese a todo, Faymann defendió un modelo que compagine atención humanitaria y vigilancia. No en vano, Austria comenzó a medianoche a controlar sus fronteras con Hungría, Italia, Eslovenia y Eslovaquia, para enfrentar el creciente flujo de refugiados.

«Las amenazas no van a funcionar». Con estas palabras, Merkel suavizaba el tono después de que horas antes su ministro de Interior, Thomas de Maizière, planteará la posibilidad de recortar los fondos estructurales y de inversión europeos asignados a los países del Este que se oponen a la introducción de cuotas de reparto de refugiados; una posibilidad para la cual, según la propia Comisión Europea, falta base legal.

Una vez más, la canciller trata de ser la cara amable de puertas afuera, mientras en casa los miembros del Gobierno exhiben un talante mucho menos conciliador. Pero también el socialdemócrata Faymann fue contundente: Alemania y Austria como países «contribuyentes netos» les corresponde analizar los recursos financieros que reciben los restantes socios.

«Europa hizo el ridículo una vez más», afirmaba el vicecanciller Sigmar Gabriel un día después de que Hungría y los demás países que conforman el Grupo de Visegrado obstaculizaran el acuerdo para repartir a 160.000 refugiados. «Alemania no está dispuesta a ser en Europa el que paga Todos participan cuando reciben dinero pero no hay nadie cuando se trata de asumir responsabilidades», agregó.

El presidente de la Eurocámara, Martin Schulz, propondrá una votación urgente para apoyar la reubicación de refugiados que propone la Comisión Europea.

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