atenas / e. la voz

Europa se enfrenta a un escenario excepcional de consecuencias insospechadas. Un corralito en una economía, la griega, que ha dado disgusto tras disgusto a la eurozona desde su primer rescate, en el 2010. A escasas 48 horas para que ese país afronte un impago al FMI que puede cerrarle los grifos de todo el mundo, y después de convocar un referendo sobre las medidas de la troika, el primer ministro heleno, Alexis Tsipras, se destapó con una decisión extraordinaria: el control de capitales. O sea, un corralito.

«Tomaremos las medidas que sean necesarias para que no haya problemas en la vida de los griegos», adelantaba el ministro de Finanzas, Yannis Varoufakis a la salida del Consejo de Estabilidad Financiera donde se tomó esa decisión. Poco después, cuando acababa la tarde, fue el primer ministro griego, Alexis Tsipras, en un discurso televisado, quien daba la noticia: «La negativa de la prórroga conlleva medidas de restricciones bancarias en la retirada de depósitos». A continuación, trató de tranquilizar: las cuentas de los ciudadanos y el pago de pensiones y salarios estarán garantizados.

¿En qué consiste la decisión? De momento, los cajeros y la bolsa cerrarán hoy, y posiblemente -es la recomendación del Consejo de Estabilidad- no volverá a operar hasta el 7 de julio, dos días después del referendo. Las retiradas de los cajeros quedarían limitadas a una cantidad de 60 euros diarios. Hoy incluso los cajeros permanecerán cerrados, según la información a la que tuvo acceso anoche Reuters. Las tarjetas bancarias de entidades extranjeras seguirán funcionando con los límites que tengan fijados.

Tsipras justificó su decisión por el portazo del Eurogrupo a extender un mes el pago del préstamo. Y culpó al propio de ministros del euro de la decisión del BCE a no aumentar la línea de liquidez de emergencia a los bancos griegos. Esa había sido la noticia de la mañana, aparentemente positiva para los intereses griegos: el Banco Central Europeo se mostraba dispuesto a mantener el préstamo en los términos de días pasados. Sin embargo, hasta eso resultaba totalmente insuficiente después de fuga de depósitos en las últimas semanas.

Reacciones inmediatas

Mientras, las reacciones se sucedieron en toda Europa. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, llamó al líder del PSOE, Pedro Sánchez, para informarle de la situación existente ante la falta de acuerdo entre Grecia. Ambos coincidieron en n la conveniencia de que Grecia permanezca en el euro y que las turbulencias no afecten a España. Al otro lado del Atlántico también se temen las consecuencias: Obama se telefoneó con la canciller alemana, Angela Merkel, para abordar este crítico episodio.

El propio gobierno germano, antes de conocerse el corralito, ya se había puesto la venda: su Ministerio de Exteriores advirtió a quienes viajen a Grecia que lleven suficiente dinero en efectivo.

Reacciones políticas, pero también monetarias. De las estas últimas destaca el Banco Nacional de la República de Macedonia: ordenó anoche a todos los bancos del país que retiren los fondos que pudieran tener en los bancos de Grecia y anunció una serie de «medidas preventivas» para evitar flujo de capital hacia el país vecino.

En Atenas, la coalición gubernamental Syriza (de Tsipras y Varufakis) anunció una manifestación para esta noche en la emblemática plaza Sintagma de Atenas para protestar decir «Oxi» («No») a la austeridad. También hay convocadas marchas en contra del Gobierno.

Tsipras dice seguir dispuesto a volver a negociar con la troika

En una comparecencia televisiva, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, a pesar de su postura contundentemente crítica, se mostró dispuesto a renegociar con la más altas instancias de la UE la ampliación del rescate. Así, informó, se lo trasladó de nuevo al «al presidente del Consejo Europeo y a los dieciocho dirigentes de los Estados miembros, además del presidente del BCE, de la Comisión Europea y del Parlamento Europeo», pese a que el pasado sábado esa extensión del programa de ayuda para su país ya había sido rechazada por el Eurogrupo. «Ellos [el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y los líderes de la Eurozona] son los que pueden tumbar la decisión del Eurogrupo y permitir al Banco Central Europeo que siga apoyando a la banca griega», clamó Tsipras para responsabilizar a los ministros de Economía de haber provocado que la entidad monetaria europea no haya elevado ayer el límite de créditos que pueden pedir prestados los bancos del país heleno y que el Banco de Grecia haya tenido que intervenir con sus restricciones.

Y fue más allá: «Es más que evidente que esta decisión [del Eurogrupo] no tiene otro objetivo que el de chantajear al pueblo griego y generar obstáculos para el progreso democrático del referendo», reprochó el primer ministro que, agregó, espera de Europa «una respuesta inmediata ante una demanda democrática básica».

Antes de conocer el discurso de Tsipras, la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, expresó su «decepción» por las inacabadas negociaciones con Grecia sobre las medidas de austeridad propuestas por la troika (Banco Central Europeo, la Comisión Europea y FMI). Pese a ello, anotó, la institución que regenta mantiene el compromiso de «dar su asistencia» caso de necesidad y a «seguir relacionándome con las autoridades griegas».

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Grecia se enfrenta al caos