La expansión de su territorio ha estado acompañada del incremento de la amenaza a Occidente, como demuestran los atentados del viernes
28 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Mañana hace un año que el Estado Islámico (EI) proclamó un califato entre Siria e Irak. Días después, el 5 de julio, Bakr al Bagdadi se arrogó el título de califa tocando el sueño de revivir la época dorada del imperio del islam que llegaba desde Al Andalus hasta Asia. Un año donde los bombardeos de la coalición internacional liderada por EE.UU. siguen sin destruir la ambición del EI de formar una nación islámica. El califato ha expandido su territorio al mismo tiempo que ha incrementado su campaña del terror: degollando a rehenes estadounidenses y británicos o reclutando a hombres y mujeres de países occidentales para la yihad por medio de su poderosa maquinaria propagandística. Un terror que ha dejado patente la cadena de ataques del viernes en tres continentes en el segundo viernes del Ramadán.
¿Cómo actúa el EI fuera de las zonas que ocupa?
El terrorista que atacó una planta de gas en Francia siguió al pie de la letra las consignas dadas por Al Qaida y el EI a los aspirantes a yihadistas: golpear en cualquier situación y con los medios de que dispongan. Las directivas difundidas para hacer la yihad global animan a los simpatizantes radicales, que en caso de que no puedan o quieran viajar a Siria o Irak, a que actúen contra los «infieles» en sus países, militares, policías o civiles, de todas las formas posibles. Sigan o no directrices directas del Estado Islámico, el grupo terrorista alaba a lobos solitarios como el francés Yasín Salhi o el tunecino Seifedine Rezgui, reivindica como suyos sus masacres.
¿Se puede decir que ha creado un Estado?
Desde el primer momento ha intentado hacer honor a su nombre. Su estructura militar y administrativa cuenta con todos los atributos de un Estado, según reconoce expertos como Aymenn al Tamimi, investigador del Middle East Forum. Cuenta con un ejercito comandado por expertos militares, la mayoría curtidos en el Ejército de Sadam Huseín. Pese a la opacidad de la organización se sabe que Al Bagdadí cuenta con varios adjuntos que se encarga cada uno de gobernar la zona que controlan en Irak (Abu Muslim al Turkmani) y en Siria (Abu Alí al Anbari). En los territorios donde ha impuesto su ley, el EI no solo controla la administración y la educación, sino que también cobra impuestos. Los tribunales propios siguen la versión más radical de la sharia, la ley islámica. Incluso han acuñado una moneda propia.
¿Se puede acabar con el Estado Islámico?
Los expertos considera que ahora mismo es una utopía. Los yihadistas alimentan su poder con la debilidad del Gobierno de Irak, a los mandos de una mayoría de chií de la que recela la comunidad suní, y de Siria, con un Bachar al Asad acorralado en un conflicto civil con varios bandos enemigos haciéndole la guerra. Las disciplinadas fuerzas kurdas son las únicas que han conseguido hacer retroceder al EI. A pesar de la ayuda de EE.UU., al Ejército iraquí le falta fuerza de combate y el sirio está bajo mínimos.