Poderosa Angela Adenauer

Juan Carlos Barrena BERLÍN / COLPISA

INTERNACIONAL

FABRIZIO BENSCH | REUTERS

Merkel cumple 15 años al frente de la CDU con el rotundo apoyo de un país que la compara con el canciller de la posguerra

11 abr 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Ni más ni menos que Angela Adenauer. Con la combinación de los nombres del primer canciller federal de la posguerra, el conservador Konrad Adenauer, y la actual jefa del Gobierno, el prestigioso semanario Der Spiegel conmemoraba ayer los 15 años al frente de la CDU de Angela Merkel. Tres lustros son una eternidad en política y pocos podían imaginar que la chica germano oriental «adoptada» tras la caída del Muro de Berlín por Helmut Kohl, esa joven anodina que parecía la mascota del gigante del Palatinado, acabaría convirtiéndose en la mujer más poderosa de Alemania, Europa y el mundo.

Cuando en abril del 2000 y en plena crisis de los conservadores por el escándalo de donativos llegó al poder en su partido, nadie le auguraba un futuro tan longevo. Como solución de emergencia, tomó entonces el relevo en la presidencia cristianodemócrata de Wolfgang Schaüble, hundido en el escándalo y hoy su ministro de Finanzas. Y en estos quince años y de manera discreta ha revolucionado el partido conservador.

De agrupación masculina con alas ultraconservadoras y escasas mujeres a formación socialdemócrata e incluso verde, partidos de los que ha abducido una buena parte de sus programas políticos.

Cadáveres por el camino

Merkel ha centrado la CDU hasta el punto de que casi no se puede llamar conservadora. Y como buena protestante ha sabido relegar también la prepotencia católica que caracterizaba a la Unión Cristianodemócrata. Ha hecho que su partido derogue el servicio militar obligatorio, renuncie a la energía nuclear, imponga la cuota femenina en la dirección de los grandes consorcios, respalde la introducción del salario mínimo, apruebe el derecho a una plaza de guardería y reconozca que Alemania es un país de inmigración. Y todo eso dejando por el camino un reguero de cadáveres políticos de todos aquellos correligionarios, siempre hombres, que trataron de hacerle sombra o osado llevarle la contraria.

Mientras la socialdemocracia ha tenido en estos tres lustros cinco presidentes debido a sus guerras intestinas y fracasos electorales, los cristianodemócratas están absolutamente entregados a su presidenta. Mas aún desde que en el 2005 alcanzó la Cancillería Federal, en la que podría eternizarse. Las encuestas llevan años confirmando la fidelidad del pueblo alemán a su jefa de Gobierno, que ha sabido sortear la crisis financiera y conducir al país a una de sus mejores fases mientras muchos de sus socios sufren aún las consecuencias del desastre en la eurozona.

Sus críticos y detractores le acusan de callar y reflexionar demasiado y tomarse un tiempo excesivo antes de tomar decisiones. Pero al pueblo le gusta Mutti (mamá) Angela, de discreta presencia y espartana en gestos y mímica, por la seguridad que emana.

Por ahora, todo parece indicar que Alemania tiene Merkel para rato. Nadie duda de que volverá a presentarse a la reelección en el 2017 y de que volverá a ganar.

Pese a la espina clavada a nivel regional -su partido solo gobierna en 4 de los 16 estados federados-, nadie en el partido cuestiona su autoridad. Es más, a falta de relevo convincente, todos rezan para que la matriarca siga dirigiendo la formación y el país.