Francia muestra otra forma de gestionar las catástrofes

Carlos Punzón
carlos punzón VIGO / LA VOZ

INTERNACIONAL

Francis Pellier | Afp

España sale malparada en la comparación

29 mar 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Un simple folio pegado en una pared por un anónimo funcionario dividió a los familiares entre el improvisado tanatorio del recinto ferial y los hospitales. Hacía casi doce horas que el MD-82 de Spanair con destino a Gran Canaria se había estrellado en Barajas un par de segundos después de iniciar el despegue. «Soledad. Frialdad. Nadie te decía nada», rememora al ser interpelada Pilar Varela, presidenta de la Asociación Víctimas JK5022. «Tiene que haber otra manera de tratar a las personas».

«Crees que el Estado te va a ayudar, pero se convierte en un monstruo. Me tuve que enterar por mi jefe de que mi hermano iba en el avión», dijo Curra Ripollés en plena lucha judicial por el esclarecimiento del accidente aéreo del Yak-42 ocurrido en Turquía en el 2003 y cuya gestión aún empeoró más al descubrirse una negligente identificación de los restos de los 75 fallecidos.

El río de solidaridad que desbordó Angrois la noche del patrón de Galicia de hace dos años mutó en desesperación a la entrada del hospital ante las familias de las víctimas ávidas de conocer la suerte de los suyos en el desastre ferroviario de Santiago. Lo más oscuro de la gestión de una de las más duras catástrofes ocurridas en Galicia llegaría después, cuando las promesas de los políticos se esfumaron ante la reclamación de justicia por parte de heridos y allegados de los fallecidos. «Fueron a echar lagrimitas de cocodrilo, pero no a ayudar a las víctimas», resume a modo de pesado recuerdo Teresa Gómez-Limón, viajera de aquel Alvia 04155 y portavoz de la plataforma de afectados.