El líder cubano avisa a los suyos de que la lucha contra el embargo será larga y difícil
21 dic 2014 . Actualizado a las 05:00 h.Los presidentes de EE.UU. y Cuba, Barack Obama y Raúl Castro, se encontrarán en Panamá el próximo mes de abril en el marco de la Cumbre de las Américas, a la que el segundo confirmó su asistencia ayer durante la clausura de la última sesión del año de la Asamblea Nacional. El anuncio de la presencia de la isla en la reunión es un indicio fehaciente del giro copernicano que están experimentando las relaciones entre Washington y La Habana y, como consecuencia, todo el continente americano.
Cuba no había participado nunca en la cumbre, que reúne a todos los países del continente y que se celebra desde 1994 bajo el patrocinio de la Organización de Estados Americanos (OEA), ya que fue excluida en 1962 de este foro por iniciativa de EE.UU., después de que Fidel Castro declarase el carácter socialista de su revolución. En 2009 la OEA anuló la sanción pero el Gobierno cubano rechazó su participación y en la última cumbre, celebrada en Colombia en 2012, varios países de la alianza bolivariana amenazaron con boicotear el siguiente encuentro si Cuba no estaba. Su participación representa, por tanto, el fin de parte del bloqueo político que soportaba el castrismo.
En su intervención ante la cúpula del régimen, Castro saludó la nueva era en las relaciones con Estados Unidos, aunque aseguró que su país no cederá «en ni uno de sus principios». Castro fue recibido con una cerrada ovación de varios minutos por el Parlamento a cuyos miembros, sin embargo, alertó sobre las limitaciones del acuerdo logrado con Obama. Según dijo, el acercamiento entre los dos países es «un paso importante», pero ahora «queda por resolver lo esencial», que es el fin del embargo económico, una tarea que exigirá una «lucha larga y difícil» y para la cual pidió a Obama que utilice «con determinación» sus prerrogativas ejecutivas en aquellos aspectos que no requieran la aprobación del Congreso.
Según Efe, Castro dijo ser consciente de las «virulentas críticas» que ha tenido que soportar Obama por su acercamiento a Cuba por parte de «fuerzas que se oponen a la normalización de relaciones». «Tras décadas de confrontación, harán todo lo posible por sabotear este proceso, sin descartar acciones provocativas» alertó al tiempo que reclamaba a los suyos «una conducta prudente, moderada y reflexiva, pero firme».
El presidente cubano resaltó que en los encuentros de alto nivel que delegaciones de ambos países mantendrán en los próximos meses, Cuba está dispuesta a discutir sobre todos los temas en «igualdad» y «reciprocidad», aunque subrayó que eso no significa que la isla vaya a renunciar a su sistema político socialista. «De la misma forma que nunca nos hemos propuesto que EE.UU. cambie su sistema político, exigiremos respeto al nuestro», recalcó Castro, quien, por cierto, no realizó ninguna mención durante el discurso a la situación de los más de 50 presos políticos que Cuba se ha comprometido a liberar tras el acuerdo con EE.UU.
Según Efe, ha llamado poderosamente la atención en la isla el silencio del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, que tres días después del histórico acuerdo de acercamiento no se ha pronunciado todavía con ninguno de sus artículos o «reflexiones» que publica, cada vez más esporádicamente, en la prensa oficial.