Abe refuerza su poder en las urnas para llevar a cabo sus reformas

El líder de la oposición dimite tras los malos resultados de su partido


Pekín / corresponsal

Al nacionalista Shinzo Abe le han salido los planes tal y como había previsto en unos comicios adelantados que él mismo planteó como un referendo sobre su osada política económica. El primer ministro de Japón revalidó ayer su mandato con una amplía victoria con la que puede acometer las reformas que tiene previstas con el fin de enderezar el rumbo económico del país, además de poner en marcha otros temas polémicos como la reactivación de los reactores nucleares o la reforma de la Constitución pacifista.

Con la suma de los votos logrados por su formación, el conservador Partido Liberal Demócrata (PLD), y su socio, el centrista Nuevo Komeito, aglutinan los dos tercios del Parlamento, al menos 326 de los 475 escaños -según datos parciales-, revalidando la mayoría cualificada que obtuvieron en el 2012. Unos resultados que le permitirán legislar prácticamente sin oposición durante los próximo cuatro años.

El opositor Partido Democrático de Japón (PDJ) logró 73 escaños, once más que en los comicios del 2012 pero por debajo de los 100 que esperaba obtener el domingo, lo que provocó la dimisión de su líder, Banri Kaieda. Anoche, se especulaba con que el propio Kaieda podría haber perdido su escaño.

Sin esperar a los resultados definitivos, Abe compareció ante la prensa para agradecer «la confianza» de sus votantes. «Gracias a ellos podremos mantener la actual administración y continuar nuestro trabajo», afirmó el primer ministro, quien también señaló en declaraciones a la cadena pública NHK que los primeros resultados «muestran el respaldo de la gente a Abenomics», su controvertida estrategia de reactivación económica.

Tras la caída de Japón en recesión, Abe adelantó dos años las elecciones para examinar su gestión económica. Su programa Abenomics para reactivar la economía consisten en agresivos estímulos monetarios, un aumento del gasto público y ciertas reformas estructurales. Unas medidas muy criticadas por el resto de los partidos que integran la Dieta, el Parlamento nipón, debido al alto nivel de endeudamiento de la economía japonesa. Su deuda duplica el Productor Interior Bruto (PIB) del país y es la más alta de los países desarrollados.

Esta amplia mayoría también da a Shinzo Abe luz verde para acometer otros de los puntos de su estrategia política tan imprescindibles como impopulares. Entre ellos destacan la reactivación de las centrales nucleares cuatro años después del accidente de Fukushima, y la reforma de la Constitución pacifista del país. Esto último permitirá al Ejército nipón participar en conflictos bélicos fuera de su territorio. Una clara respuesta a lo que Japón considera una continua provocación de China, con quien desde hace años mantiene unas enquistadas disputas territoriales.

Mínimo histórico

Si el resultado electoral fue el esperado, tampoco sorprendió la baja participación. Según las estimaciones de la agencia Kyodo, acudió a votar un 52,7 % de la ciudadanía, lo que supone 6,6 puntos menos que en las elecciones del 2012. Unas cifras que se explican por la creciente desilusión de la sociedad japonesa ante unas elecciones en las que el pescado ya estaba vendido de antemano.

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