Ya solo le queda una flecha


Como saben los publicistas -aunque no es tan frecuente que lo digan- encontrar un buen nombre a un producto no es una garantía de que vaya a tener éxito. Es lo que le ha ocurrido con el Abenomics del primer ministro japonés, Shinzo Abe. Se suponía que era una política económica completamente nueva que iba a sacar al país de un estancamiento que se cuenta por décadas. El nombre era una clara referencia al Reaganomics de Estados Unidos en la década de 1980. Para consumo interno, Abe hablaba también de las «tres flechas», en este caso una referencia a una leyenda tradicional. Esas tres flechas eran: la devaluación del yen, estímulos fiscales y reformas estructurales, sobre todo la flexibilización del mercado de trabajo y la liberalización de agricultura, que en Japón está fuertemente subvencionada.

En la leyenda un señor feudal logra convencer a sus hijos para que cooperen entre ellos demostrándoles que tres flechas juntas son más difíciles de romper que una sola; en el caso de Abe, lo que ha resultado imposible de romper son las tendencias de la economía japonesa. En un principio la devaluación animó, efectivamente, a la economía. Pero el efecto duró poco y la segunda flecha claramente erró el blanco: la subida del IVA del 5 al 8 por ciento la pasada primavera hizo que se derrumbase el consumo. Comprensiblemente, Abe ya no quiere seguir con la siguiente fase -otra subida el año que viene del 8 al 10-. Por eso dice que convoca elecciones: para recibir un nuevo mandato que le permita revertir, en parte, su propia política. Es decir, Abe se presenta como la alternativa a Abe.

La razón es puramente táctica

Es una explicación rara y probablemente falsa. La verdadera razón es puramente táctica. Abe, que gozaba de una aprobación cercana al 70 por ciento hace un año, ha visto decaer su popularidad en los últimos meses y prefiere revalidar su mayoría ahora que todavía puede. La oposición está muy debilitada y unas elecciones en diciembre, justo cuando los votantes acaban de cobrar su paga extra, le favorecen. Corre un cierto riesgo, pero tendría que perder más de 40 escaños para poner en peligro su mayoría. Si la revalida, en cambio, podrá afrontar decisiones muy impopulares, como reabrir las centrales nucleares cerradas tras el desastre de Fukushima o firmar un acuerdo comercial con Estados Unidos que inquieta mucho a los agricultores. Digamos que es la última flecha que le queda y con estas elecciones ha querido acercarse disimuladamente al blanco.

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