El Estado Islámico se hace rico a costa de sus conquistas

Controla instalaciones de crudo y gas para mantener su califato en Siria y Irak, mientras la irrupción de grupos que le han jurado lealtad agrava el caos en Libia, la inestabilidad en Egipto y amenaza a Argelia


La irrupción del Estado Islámico (EI) marca el futuro de países donde el sueño de la primavera árabe hace tiempo que dio paso a la guerra o a la inestabilidad con consecuencias nefastas para sus economías. A la vez que los yihadistas extendían su califato a zonas de Siria e Irak se hacían con instalaciones de petróleo y gas e infraestructuras fundamentales para su financiación y para dar peso al estado con el que sueña el autoproclamado califa Abu Bakr al Bagdadí. El auge de su doctrina, con la adhesión de grupos escindidos de Al Qaida, amenaza con complicar el caos en Libia, la recuperación de Egipto y romper la estabilidad de Argelia.

Siria ha entrando en su cuarto año de guerra convirtiéndose en una etapa más en la yihad global. El balance humano es desolador: más de 146.000 muertos y casi 9 millones de refugiados y desplazados internos que huyen tanto de los esbirros del régimen como de los islamistas. También el balance económico: más del 50 % de los libios viven en la pobreza, según el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD). La destrucción de infraestructuras, la desaparición de servicios básicos, la desintegración de su red industrial, el éxodo de las élites y los índices récord de desempleo han hecho que el país retroceda 35 años en su desarrollo.

El PIB cayó un 20 % a pesar de que hasta el 2010, el año que precedió a la revuelta, mostraba un crecimiento estable de un 5 %. La industria petrolera era uno de los puntos clave de su economía (el 22 % de su PIB en el 2008). La situación ahora es muy distinta. Desde la cuna del califato en la provincia de Raqa, los yihadistas se han apoderando de los principales campos de hidrocarburos, principalmente en la vecina provincia de Deir al Zur.

En Irak, la expansión del EI va ligada también a controlar represas hidroeléctricas, yacimientos de crudo y refinerías. A pesar de ser el cuarto lugar entre los productores de crudo, Irak está inmersa en una enorme crisis energética y unos crecientes índices de pobreza desde la invasión estadounidense, problemas agravados por el avance yihadista. Aunque Bagdad asegura que solo el 15 % de los iraquíes son pobres, las estadísticas del Banco Mundial muestran que el 28 % de las familias iraquíes viven por debajo del umbral de la pobreza.

En Libia, el caos le arrastra hacia una guerra civil, en donde el dinero y el poder van unidos. ¿Quién controla el país? Realmente nadie y ese es el problema. Un enjambre de grupos armados rivales y bandas tribales combaten entre sí para controlar pozos y oleoductos del país. Ansar al Sharia, considerado el más peligroso, ha jurado fidelidad al Estado Islámico. Cuando la producción de crudo se recuperaba, la división del poder en dos Gobiernos (uno en Tobruk, reconocido por la comunidad internacional, y el islamista de Trípoli) desbarató la recuperación. Los 900.000 barriles diarios están muy lejos del techo de 1,2 o 1,4 millones generados en la época de Gadafi, según los datos de la Corporación Nacional de Petróleo. Repsol se ha visto afectada en su yacimiento libio, que aporta cerca de 11 % de su producción total.

En conflicto

Siria. Tres años de guerra civil han hecho que de ser, en el 2011, un prometedor país en desarrollo se haya convertido en uno de los más pobres del mundo.

Irak. Cualquier recuperación económica se ha anulado tras el avance del EI. La única buena noticia para Bagdad ha sido el acuerdo con el Kurdistán para repartirse las ganancias de la venta del petróleo. Aunque el contencioso sobre la titularidad sigue pendiente.

Libia. La lucha por controlar las instalaciones petrolíferas priva al país de su única fuente de ingresos, en medio del avance islamista.

En calma

Argelia. El mal estado de salud de Abdelaziz Buteflika ha elevado las especulaciones sobre la posibilidad de un proceso de transición en Argelia, uno de los principales suministradores de energía a Europa y un aliado de EE.UU. en su campaña contra los islamistas. Soldados del Califato, escindido de Al Qaida, ha jurado lealtad al Estado Islámico.

Egipto. La economía en el Egipto nacido del golpe militar que depuso al presidente Mursi, no logra levantar cabeza, sobre todo en su clave sector turístico. La amenaza de Ansar Bait al Maqdis, leal al EI, en la península del Sinaí, amenaza con retraer aún más su economía.

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