«Deberíamos haber muerto en casa»

Serene ASSIR DOHUK / AFP

INTERNACIONAL

Los refugiados, la mayoría de ellos niños, lo han perdido todo: sus seres queridos, su hogar y el resto de sus bienes

18 ago 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Decenas de yazidíes hallaron refugio en el Kurdistán iraquí tras huir de los yihadistas en Sinyar. Pero atormentados por los horrores vividos, hambrientos y viviendo en condiciones precarias, algunos se preguntan si no habría sido mejor morir. Los refugiados, la mayoría de ellos niños, lo han perdido todo: sus seres queridos, su hogar y el resto de sus bienes.

Sentada sobre las rodillas de su madre, Alia, de cuatro años, solloza: tiene hambre. Alia, sus tres hermanos, su madre Hazika y su abuela se refugiaron con otras familias en un edificio en construcción abandonado, en un suburbio de Dohuk, capital de la provincia homónima del Kurdistán. Los habitantes les dieron colchones y víveres. Pero la comida no alcanza para el número creciente de desplazados yazidíes. Solo hay una comida al día y tampoco tienen acceso a médicos.

«Los niños lo vieron todo»

El padre de Alia, Nuweil Qasem Murad, un pastor, fue capturado por los yihadistas. «Deberíamos haber muerto en casa», declara Hazika, de 25 años. Aunque trata de estar tranquila, se deshace en lágrimas a mitad de la entrevista. «Los niños vieron todo lo que pasó en el monte Sinyar. Vieron la matanza, los disparos», declara.

Muchas familias lograron bajar de las montañas, donde se habían refugiados de los yihadistas, y llegar hasta territorio del Kurdistán. «Aquí estamos más seguros, pero lo hemos perdido todo. Nuestras casas, la ropa, el dinero, el oro, todo», confía Hazika, con los labios trémulos.

«Estamos vivos solo gracias a Dios. Pero nadie ha hecho nada por nosotros aquí», se lamenta, preguntándose qué será de su familia cuándo llegue el frío del invierno.