La oposición exige el cese y parte del Gobierno lo desea, pero la presidenta mantiene silencio


Ningún alto cargo del gobierno había salido hasta ayer en defensa de Boudou, tal vez esperando antes que se produzca la reacción de Cristina Fernández. La presidente tiene tres opciones: hacer que renuncie su vicepresidente, obligarle a que pida licencia o que continúe en su cargo sin novedad, como si no hubiera pasado nada. Esto último sería la reacción típica de los Kirchner, duplicar la apuesta. Hasta el momento la Casa Rosada mantiene silencio.

Mientras tanto, todos los partidos de la oposición anunciaron que plantearán en el Congreso el juicio político para el vicepresidente y le exigirán a la jefa de Estado que lo aparte de su cargo de segundo.

Un vicepresidente de Cristina, el de su primer mandato, que terminó repudiado por el kirchnerismo, el radical Julio Cobos, aseguró ayer que «a lo largo de todo este tiempo Boudou intentó poner la justicia a su disposición y abusó de su rol en la función pública. Es hora de que él se ponga a disposición de la Justicia. Tiene que dimensionar la gravedad institucional de este hecho. La continuidad en su cargo afecta al Congreso y al Poder Ejecutivo».

El diputado nacional del peronismo, Darío Giustozzi, recordó que cuando comenzó este caso, Boudou obligó a echar a un juez, a un fiscal y al procurador General de la Nación, Esteban Righi, un jurista de enorme prestigio.

Según el analista político citado por Efe, Rosendo Fraga, el procesamiento es «un golpe político importante»para el Gobierno. Según Fraga, dentro del propio oficialismo hay aspirantes a la presidencia, como el ministro de Interior, Florencio Randazzo, o el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, que, si bien no se han pronunciado públicamente, apostarían por el alejamiento de Boudou por el impacto electoral negativo para las presidenciales del próximo año. «Mi impresión, sin embargo, es que la presidenta no lo va a dejar, ni en licencia ni renuncia, porque esto tiene que ver con el poder y no con la imagen», consideró Fraga. En su opinión, Fernández vería un eventual alejamiento de Boudou como una «señal de debilidad política» propia.

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