Los primeros en acudir a las víctimas de los atentados visitan el Museo del 11-S

El museo ha abierto sus puertas con tres días de antelación a su inauguración al gran público para recibir la visita de las primeras personas que respondieron a la alerta de la tragedia


El nuevo museo de Nueva York en memoria de los atentados del 11 de septiembre del 2001 ha abierto sus puertas este domingo con tres días de antelación a su inauguración al gran público para permitir la entrada de las primeras personas que respondieron a la alerta de la tragedia.

El museo, cuya construcción comenzó hace ocho años, ha sido objeto de innumerables disputas a la hora de concebir un homenaje apropiado a las más de 3.000 víctimas mortales de los ataques contra las torres gemelas del World Trade Center y el Pentágono, y del vuelo secuestrado United 93 que se estrelló finalmente cerca de Shanksville, Pensilvania.

El museo exhibe objetos como un muro de contención que permaneció intacto y gafas rotas, mientras los asistentes pueden escuchar los mensajes de audio que dejaron los fallecidos a sus seres queridos antes de morir. El New York Times describió la visita como «una experiencia sobrecogedora y visceral», y el New York Magazine calificó al museo como una «institución espectacularmente dolorosa».

«Cuando vengo a esta zona, me huele a 11-S» declaró a Reuters la exagente de la Policía de Tráfico Carol Paukner, quien quedó atrapada bajo una de las torres cuando se derrumbó.

«Espero que la gente aprenda en este museo lo que sucedió ese día y que voten por los políticos que van a cuidar de nuestra salud», declaró Paukner, quien recordó a los cientos de trabajadores de rescate aquejados, todavía a día de hoy, de problemas respiratorios por los materiales y vapores tóxicos generados por las llamas y el derrumbamiento de los edificios.

«Ofensiva» tienda de regalos

Sin embargo, medios como el New York Post han criticado duramente aspectos del museo como la tienda de regalos, que tachó de ofensiva por poner a la venta «recuerdos» como cascos de bombero, pendientes y llaveros.

«Para mí, la existencia de un negocio en el lugar donde falleció mi hijo es lo más repugnante e insensible que podrían haber hecho», declaró al Post Diane Horning, madre de un administrador de datos de 26 años de edad muerto en los atentados.

Hay que tener en cuenta que debajo del museo se encuentra un depósito que alberga cerca de 8.000 restos corporales no identificadas, lo que ha enervado aún más a Horning.

«Es nuestra tumba a los desconocidos y el hecho de que vendan chucherías y baratijas me parece repulsivo. Esto es un negocio para compensar salarios inflados y lo están haciendo sobre el cadáver de mi hijo», ha lamentado.

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