caracas / Corresponsal

Tras más dos meses de protestas que lo han puesto en jaque, el Gobierno venezolano esperaba que en abril, fecha emblemática para el chavismo, las cosas estuvieran amarradas y bien amarradas. Sin embargo, en la última semana, las manifestaciones de estudiantes y de ciudadanos que forman barricadas para reclamar contra la gestión de Nicolás Maduro han crecido en todo el país. Ni siquiera en San Cristóbal, capital del estado Táchira, donde empezaron a fines de enero y llegaron a niveles de verdadera sublevación, han sido controladas, a pesar del envío de tropas del Ejército y aviones de guerra a sobrevolar la ciudad.

«Abril llega con su fuerza histórica a garantizar el triunfo sobre la violencia ¡Abril de paz victoriosa en revolución!», dijo Maduro el primer día de este mes. El chavismo quiere conmemorar el próximo vienes doce años del golpe de Estado que desalojó brevemente al fallecido Hugo Chávez del poder. Igualmente, el próximo día 14 se conmemora el primer aniversario del controvertido triunfo del propio Maduro sobre Capriles en las elecciones.

Sin embargo, las protestas han tomado Caracas un día sí y otro también, se han mantenido en las ciudades en las que empezaron en enero y se han extendido, incluso, a territorios tradicionalmente hegemónicos del chavismo, como Barinas, el estado en el que nació Chávez. Esta semana, han obligado a una fuerte represión, tanto oficial como por parte de grupos parapoliciales afectos al chavismo, los llamados «colectivos».

El viernes por la noche, mientras la mitad de la ciudad ardía en protestas, funcionarios del Ministerio de Servicios Penitenciarios dispararon perdigones contra el reportero de Efe en Caracas, Miguel Gutiérrez. Decenas de estudiantes fueron detenidos en Plaza Altamira, símbolo de la oposición a los 15 años de gobierno chavista. En el resto de la ciudad se sucedían barricadas y cierres viales.

La dureza de la represión ha llevado al Gobierno español a suspender los envíos de equipos antidisturbios, según afirmó García-Margallo, porque «cuando hay conflicto no parece lógico echar leña al fuego. Maduro intentó tomar la iniciativa con una comisión dirigida por su vicepresidente, Jorge Arreaza, para el cumplimiento de los derechos humanos, pero Esteban Beltrán, director de la sección española de Amnistía Internacional, señalaba que «o los derechos humanos se ponen al frente de la agenda política en Venezuela, o se corre el riesgo de entrar en una espiral de violencia».

En un mes de protestas, van 39 personas fallecidas, más de 1.500 detenidas y en torno a 500 heridas, según balances de la Fiscalía y de organizaciones de derechos humanos. La fiscalía ordenó 102 procesamientos por casos de abuso de autoridad. A pesar de este panorama, los analistas señalan que el Gobierno de Maduro permanece relativamente firme. La oposición, víctima de sus contradicciones, hasta ahora «no es una mayoría contundente», indica el comentarista político Fausto Masó.

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Maduro pierde el control de la calle