El pistolero Ernesto Chávez Castillo, ahora testigo protegido, pone al descubierto la brutalidad con que actúa el cartel de Juárez
15 feb 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Confesó que dejó de llevar la cuenta de los crímenes en los que participó cuando llegó a los 800. Mataba a sus víctimas con golpes de bate y puñaladas y «a menudo» las decapitaba y descuartizaba «para impresionar a su jefe».
El sicario mexicano Jesús Ernesto Chávez Castillo, conocido como el Camello, empequeñece la brutalidad despiadada de Anton Chigurh, el personaje de la novela de Cormac McCarthy, No es país para viejos, al que dio vida en la pantalla el español Javier Bardem. Para ponerlo en su contexto, se trata de uno de los pistoleros que hicieron de Ciudad Juárez la capital mundial del asesinato. La prensa mexicana no duda en colocarlo en el top ten de los asesinos en serie, al lado de Óscar García Montoya, el Compayito, que confesó haber matado a 300 personas y haber ordenado matar a otras 300, y de Santiago Meza López, el Pozolero, quien reveló al ser capturado que había deshecho en ácido al menos a 300 personas.
El Camello era uno de los verdugos más eficientes de Los Aztecas, grupo que dio sus primeros pasos en la extorsión exigiendo el pago de cuotas a restaurantes, tiendas y licorerías de El Paso y Nuevo México, pero que enseguida se convirtió en una especie de subcontrata del cartel de Juárez. Según declaró en el juicio que se celebra en El Paso, tenía asignada una «cuota diaria» de asesinatos como parte de una campaña para esparcir el miedo entre la policía y el público, causando «grandes noticias».
Pese a lo que se deduce de este historial tenebroso, Chávez no se pudre entre rejas en México. La prensa de este país desvela que goza de «tratos preferenciales» y de «consideraciones» en Estados Unidos, adonde fue extraditado después de ser detenido en el 2010, tras acogerse al esquema de testigo protegido creado por las autoridades norteamericanas para perforar a las organizaciones del crimen desde dentro.
Parece la traslación al mundo real del argumento de The Black List, la serie de televisión que relata la historia de un delincuente sibilino que logra el perdón del FBI a cambio de información sobre sus antiguos secuaces.
Según Fox News, el testimonio de Chávez es fundamental para incriminar a su antiguo jefe dentro de Los Aztecas, Arturo Gallegos Castrejón, al que se acusa de haber ordenado los ataques del 13 de marzo del 2010 en los que murieron Lesley Ann Enríquez, empleada del consulado de EE. UU. en Ciudad Juárez; su esposo, el ayudante del sheriff de El Paso Arthur Rediles, y Jorge Alberto Salcido Ceniceros, esposo de otra empleada del consulado.
El proceso, que se dirime en El Paso, ha colocado en una situación incómoda a la Justicia mexicana, emplazada a explicar por qué extraditó a EE. UU. a un hombre con tantas cuentas pendientes en su país. Una fuente de la fiscalía se excusó diciendo que la confesión de los 800 crímenes es una simple declaración que no basta para procesarlo legalmente, ya que hay que disponer de pruebas, de las que carecen.