La etimología de la revolución


Hosni Mubarak, ya indultado en la práctica, dijo hace unos días que la nueva constitución egipcia que proponen los militares «es perfecta». Incluso aseguró que de no estar tan enfermo iría a votarla. Si no lo hace será una pena, porque esa imagen reflejaría mejor que nada el giro de 360 grados grados que ha completado el proceso iniciado con el derrocamiento del propio Mubarak. La palabra «revolución», después de todo, nació como tecnicismo de la astronomía y se refería a un giro que terminaba en el mismo sitio.

Ese proyecto de carta magna lo deja bien claro. Sigue siendo una constitución igual de islamista que la de los islamistas, evitando de esa manera que la parte religiosa de la sociedad egipcia ?que es mayoritaria- se vea en la tentación de echar de menos a los Hermanos Musulmanes. Mientras tanto, la nueva ley otorga todavía más poderes y privilegios al ejército. El modelo es, pues, de nuevo el del mubarakismo, cuyos orígenes lejanos están en el nasserismo, sin el carácter populista y pseudo-socialista de aquel.

De hecho, los militares necesitan a los seguidores de Mubarak como base social, una vez que se han decidido a ir también a por el sector de la izquierda de clase media que les apoyó en su golpe de Estado. Aquellos jóvenes de los movimientos sociales que participaron de manera tan destacada en la «primavera egipcia» han empezado a entrar en la cárcel en virtud de las nuevas leyes que castigan cualquier manifestación callejera pacífica con cinco años de prisión. Los pactos con el diablo terminan, como es lógico, en la condenación.

En cuanto a los Hermanos Musulmanes, tal y como se esperaba, esa misma dureza de las condenas, la violencia extrema de la policía y el simple cansancio, han ido minando también sus fuerzas. La violencia de ayer en el campus de al-Ahzar en El Cairo hay que verla, probablemente, como un último coletazo, un esfuerzo final ante el juicio al depuesto presidente Mursi y la inminencia del referendo constitucional, que echará la llave al proceso. A partir de ahí va a ser muy difícil para los Hermanos Musulmanes seguir movilizando a sus bases en la calle.

El gobierno militar ha puesto el listón tan alto que quienes tengan el coraje y la rabia necesarios para seguir protestando preferirán recurrir al terrorismo, que empieza a cobrar fuerza poco a poco pero inexorablemente.

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