La guerra diplomática entre Estados Unidos y Venezuela se incrementó ayer con la decisión de Washington de expulsar a tres diplomáticos venezolanos en represalia por una orden similar de Caracas contra tres diplomáticos estadounidenses. Esta guerra deja nuevamente sin encargados de negocios a las embajadas de ambos países, cinco meses después de haber restablecido ese lazo bilateral.
Washington declaró personas no gratas y les dio un plazo de 48 horas para salir de EE.UU. al encargado de negocios de la embajada venezolana, Calixto Ortega; la segunda secretaria, Mónica Sánchez, y la cónsul en Houston, Marisol Gutiérrez.
«Es lamentable que el Gobierno venezolano halla decidido de nuevo expulsar a diplomáticos estadounidenses basándose en alegatos infundados, lo que exige una acción recíproca», declaró un funcionario del Departamento de Estado. No obstante, ayer aún no había un pronunciamiento oficial de Washington.
El Gobierno de Nicolás Maduro «repudio» la expulsión de sus diplomáticos. A juicio de su Ministerio de Exteriores la expulsión de los diplomáticos venezolanos no puede considerarse «recíproca» por «la conducta inequívoca» de sus funcionarios, «que no han osado a mantener reuniones con grupos contrarios al presidente Barak Obama o con personas interesadas en actuar en contra del Gobierno estadounidense», afirma el comunicado oficial. Maduro expulsó el lunes a tres diplomáticos estadounidenses, entre ellos la encargada de negocios Kelly Keiderling, tras acusarlos de fomentar junto con la oposición supuestos actos de sabotaje económico y eléctrico.