El rey de los pasaportes falsos

Cristina Porteiro
cristina porteiro BRUSELAS / E. LA VOZ

INTERNACIONAL

OLIVIER HOSLET

Felipe de Bélgica viaja como un rey pero con las ventajas de una persona de a pie

25 sep 2013 . Actualizado a las 11:19 h.

Es posible que no recuerden haber visto nunca un «Philippe Dermulle» en alguna de las largas listas de miembros de las casas reales europeas o en la cola de embarque de Ryanair. Sin embargo, estos días en Bélgica ese nombre se pronuncia en todas partes. Es el nombre del alter ego del rey Felipe, «ciudadano» que viaja como un rey pero con las ventajas de una persona de a pie. ¿Cómo? Gracias a un «pasaporte auténtico con nombre falso», tal como explicó a la televisión flamenca VTL el exministro de Asuntos Exteriores, Marc Eyskens.

Con gracia y soltura, como si se tratase de información de dominio público, Eyskens reveló que gente del ministerio «muy cercana al rey» se encargaba de hacerles llegar documentos falsificados y pasaportes con nombres falsos para que los miembros de la familia real belga pudiesen viajar al exterior de la forma más segura posible en sus actividades privadas.

Esta indiscreción dejó en mal lugar al actual ministro, Didier Reynders, que tuvo que dar explicaciones desde Nueva York ante la polémica desatada tras las declaraciones de su antecesor. No fue muy pródigo en palabras. Reconoció que no tenía ni idea de lo que estaba pasando y que ordenaría abrir una investigación. Eyskens, consciente de la caja de Pandora que había abierto, trató de matizar sus palabras asegurando que es algo «normal» y que «no se hizo nunca con fines fraudulentos».

Pero no ha servido de mucho su rectificación. El chaparrón de críticas ha vuelto a coger a la familia real belga sin paraguas. «Tenemos una monarquía única en su especie», se queja una ciudadana capaz de enumerar sin dificultad cada uno de los escándalos en los que se ha visto envuelta la Corona. Otros echan mano del sarcasmo: «Parece ser que Fabiola se hace pasar por la Madre Santa Teresa de Calcuta».

Los profesionales de la abogacía apuntan que estas prácticas son punibles en caso de que el responsable sea un ciudadano corriente. En declaraciones al diario belga Le Soir, el abogado constitucionalista Marc Uyttendaele se mostró perplejo por lo que considera «una práctica increíble». Pero si la patada al código penal la da el rey, no tiene por qué haber repercusiones penales: «El rey es inviolable, por supuesto. Pero su familia no goza de dicha inmunidad. Imagínense que el primer ministro u otro político hiciesen lo mismo. Nos iba a sorprender a todos», asegura Uyttendaele. No obstante, se descarta que la fiscalía lleve a cabo acciones contra la familia real puesto que no se aprecian indicios de uso fraudulento de los pasaportes. Para tratar de cubrir las espaldas a sus altezas, el Ministerio de Exteriores belga ha explicado que la falsificación de nombres en los pasaportes es una práctica que se ejecuta desde hace cien años, en tiempos del rey Leopoldo II.

Más allá del debate legal y ético, la opinión pública se pregunta cómo y quién expide esos pasaportes si ni siquiera la máxima autoridad en ese ministerio estaba al corriente de su uso. ¿Cómo consigue el rey utilizar un pasaporte verdadero con nombre falsificado saltándose la legalidad? «Por la gracia de Dios», concluye indignada Monique, una joven belga.

polémica en bélgica el ministro de exteriores no lo sabía