Elecciones en Alemania: Angela Merkel, de niña a madre de la nación

La Voz

INTERNACIONAL

22 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Física, cocinera de vocación, y canciller de Alemania desde el 2005. La primera mujer en asumir este cargo se ha crecido durante los últimos ocho años hasta convertirse en «Mutti der Nation», la madre de los alemanes, que los guía y modera. Su tranquilidad y perseverancia, además de su inteligencia e instinto político, le han permitido consolidar su poder hasta convertirse en la mujer más poderosa de Europa, que dibuja la agenda de la política del Viejo Continente.

Alemania, sedada

Para Der Spiegel, semanario líder de este país, habría dos versiones de ella: la que está fuera, maneja la crisis del euro y toma decisiones, y la que está dentro, y no emprende reformas profundas, tiene a Alemania «sedada», y ejerce un poder absoluto porque no tiene rivales dentro de su partido.

A sus 59 años, Merkel aspira a un tercer mandato. Más de un 50 % de los alemanes, y no solo del espectro conservador, quieren que siga en la cancillería. Un 65 % de las mujeres la apoyan, y eso que no aborda cuestiones de género ni se declara feminista. Merkel no ofrece tanto un programa como un estilo de gobierno.

«Ustedes me conocen, conmigo tendrán cuatro años más de bonanza», ha sido el mensaje que no se ha cansado de repetir durante la campaña.

Corredora de fondo, espera a tomar decisiones, la oposición asegura que demasiado. Reservada, no ha abierto las puertas de su vida privada hasta este último año, en el que ha explotado su lado más personal. Su web habla de su infancia en la extinta Alemania comunista. Hija de un párroco protestante, creció en un ambiente intelectual y optó por una carrera científica. Nadie pensó que fuera a entrar en política. Sus fuertes eran el ruso y las matemáticas, pero la caída del Muro y los acontecimientos de los ochenta la catapultaron a la política.

Se convirtió en la «niña» de Helmut Köhl quien, con ella, quiso atraer el voto germano-oriental, y ocupó varias carteras en su Gobierno. En 1998 fue nombrada secretaria general de la CDU. Con el escándalo de las cajas negras del partido en los 90, pide responsabilidades, obligando a Kohl y a Wolfgang Schäuble a irse. En el 2000 se convierte en presidenta de la CDU.