Demasiados interrogantes

Miguel Á. Murado

INTERNACIONAL

Una larga fila de cadáveres de menores en el suburbio de Guta, en Damasco.
Una larga fila de cadáveres de menores en el suburbio de Guta, en Damasco. DAYA Al-DEEN < / span>Afp< / span>

El régimen sirio dispone de arsenal químico, pero es difícil entender que lo utilice, porque cuenta con medios más eficaces y menos comprometedores

22 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El problema con las denuncias de ataques químicos que viene haciendo desde hace meses la oposición siria es que el presidente Barack Obama dejó claro hace un año que un hecho de este tipo sería lo único que empujaría a Estados Unidos a intervenir en la guerra civil de este país. De hecho, de las docenas de casos denunciados por la oposición desde el discurso de Obama, la ONU tan solo considera verosímiles dos, y son los que ha ido a investigar el equipo de expertos que acaba de entrar en el país.

El segundo problema es que, incluso si se confirmase que se trata de un ataque químico, no va a ser fácil determinar quién ha sido el responsable. De esos dos casos que quiere investigar la ONU, se sospecha que uno, el de Khan el-Asal, habría sido obra de la propia oposición siria y no del régimen. Por eso Damasco ha permitido la entrada a los expertos de las Naciones Unidas.

Hay que recordar que Al Qaida, que lucha del lado de los rebeldes, dispone de gas sarín obtenido en Irak (donde lo utilizó en al menos una ocasión). También la milicia yihadista opositora Yabat al-Nusra controla una fábrica de gas de cloro en Alepo.

El régimen sirio, por supuesto, dispone de un arsenal químico muchísimo mayor, y no es inverosímil que llegue a emplearlo, aunque resulta difícil entender con qué propósito, puesto que cuenta con medios más eficaces y menos comprometedores. Sobre todo, a los analistas les desconcierta que Al Asad haya decidido lanzar un ataque químico en la región de Damasco justo cuando los inspectores de la ONU acaban de llegar a la ciudad.

Solo una investigación independiente puede responder a los interrogantes. Y tendrá consecuencias. Si se demuestra que el ataque es real, y que es obra del Ejército sirio (y bastaría la duda), es posible que Washington se vea obligado, más bien a su pesar, a encabezar algún tipo de acción militar. Como poco, se declararía una zona de exclusión aérea, lo que complicaría mucho las cosas a Al Asad.

Si resulta una falsa alarma o una provocación de los rebeldes, en cambio, se dejará de hablar del asunto, pero estos habrán quemado su último cartucho.