La oposición critica la visita por ser previa a una fiesta electoral
21 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Angela Merkel cumplió ayer con un compromiso histórico, que le llenó de «vergüenza» y «profunda tristeza», según sus propias palabras. Con su visita al campo de concentración de Dachau, cerca de Múnich, se convirtió además en la primera mandataria alemana que visita este campo, que fue de los primeros que construyeron los nazis, en 1933, y que fue escenario del asesinato de más de 40.000 personas.
Una visita que se encuadra en la tradición de los líderes de su partido como Konrad Adenauer. Aunque ninguno visitó Dachau, el campo que sirvió de modelo al resto. «Cada preso en el campo de Dachau o en otros campos tenía una historia personal, que fue interrumpida o incluso aniquilada», dijo la canciller, y recordó que muchos alemanes «cerraron los ojos» a lo que allí ocurrió.
La visita a Dachau respondía a una invitación que le hizo uno de los supervivientes, el judío Max Mannheimer, de 93 años, que ayer se encargó de mostrarle algunas salas. Merkel depositó una corona de flores en este lugar que hace las veces de memorial. También conversó con otros supervivientes.
Algunos políticos en la oposición se aprestaron a calificar su visita de «falta de gusto» o «fatal combinación» porque acto seguido participó en un acto electoral, una fiesta popular en una carpa de cervezas, organizada por su socio bávaro, la Unión Socialcristiana (CSU). Una semana antes de las generales del 22 de septiembre, los bávaros están llamados a las urnas. Y aunque nadie duda de que serán nuevamente el partido más votado, han conocido tiempos mejores y cualquier apoyo es bienvenido, sobre todo si llega de la política más popular del país. La líder de los Verdes, Renate Künast, explicaba a un diario que «quien toma en serio la memoria de un lugar que ha vivido semejante barbarie, no lo visita en campaña electoral».
Todo lo contrario pensaba la comunidad judía, que recibió muy positivamente una visita que consideran que era una cuenta pendiente en un país ejemplar a la hora de hacer memoria histórica. Horst Köhler lo visitó siendo presidente federal en 2010, pero ningún jefe de Gobierno alemán había puesto un pie en Dachau hasta la fecha.