Nueva York no quiere un alcalde golfo

Victoria Toro CORRESPONSAL EN NUEVA YORK

INTERNACIONAL

Anthony Weiner renunció en el 2011 como congresista por su afición al «sexting», pero el niño mimado de los demócratas reapareció para ser alcalde en la Gran Manzana. Hace días su cuenta de Twitter volvió a arder

04 ago 2013 . Actualizado a las 15:59 h.

Hombre de mediana edad perpetuamente cachondo», se describía a sí mismo en los mensajes en Twitter Anthony Weiner. Visto así no parece más que otro hombre de mediana edad a la búsqueda de mujeres jóvenes en las redes sociales. Pero la historia de Weiner es más complicada que eso porque es pública, porque Weiner ya renunció a su puesto como congresista por su «afición» al sexting, porque un día fue el soltero de oro de la política estadounidense y porque es candidato a la alcaldía de Nueva York, entre otras razones que hacen que sus tuits se hayan convertido en discusión política y motivo de encuesta.

Anthony Weiner, neoyorquino de 48 años, comenzó su vida pública al acabar sus estudios de ciencias políticas, primero como ayudante de un senador demócrata y más adelante como el concejal más joven de la historia de la ciudad de los rascacielos. Este judío brooklynita, hijo de una familia de clase media alta, atractivo, listo y trabajador hasta la extenuación comenzó así una carrera imparable que le llevó al Congreso.

Durante unos años Weiner fue el niño mimado de los demócratas de la Costa Este, sobre todo cuando se aseguró el apoyo de la pareja más poderosa del partido, los Clinton. En el 2009, Weiner anunció su boda con Huma Abedin. La aportación de la novia de Weiner a la carrera política de su futuro marido era incalculable porque Abedin era entonces la asistente personal de Hillary Clinton cuando esta era ya secretaria de Estado. Con la boda, Weiner se convertía casi en miembro de la familia Clinton con todo lo que eso supone en EE.UU. de caudal público.

Pero un año después de la boda saltaba el primer escándalo. Los medios publicaban que Weiner había enviado a sus seguidoras en las redes sociales fotos desnudo. El entonces congresista lo negó y aseguró que su cuenta había sido pirateada por algún desalmado. Pero pocos días después, admitió que había sido él. En un principio se negó a dimitir, como le pedía la dirección de su partido, porque afirmaba que no había cometido ningún delito.

A la vez se supo que su mujer estaba embarazada del primer hijo de la pareja. Huma Abedin anunció que no iba a separarse de su marido a pesar de la afición de este al sexting con otras mujeres que no eran ella. Pero nada sirvió para mantener a Weiner en el Congreso. En junio del 2011 hizo oficial su renuncia al escaño que ocupaba en Washington. Parecía que su carrera política había acabado.

Pero la primavera pasada, Weiner reapareció. Anunció su intención de competir en las primarias demócratas para la alcaldía de Nueva York. Ofreció otra vez la imagen del político perfecto, seguía teniendo el apoyo de su mujer y las primeras encuestas le situaron a la cabeza de los candidatos demócratas. La impresión era que Weiner iba a convertirse en el próximo alcalde de la Gran Manzana. Pero otra vez su afición al sexting puede haber echado por tierra esas aspiraciones. La semana pasada, nuevas publicaciones revelaban que tras su dimisión como congresista, Weiner había continuado con su afición de intercambiar mensajes y fotos de contenido sexual con mujeres a través de las redes sociales.

Una encuesta publicada el pasado miércoles reflejaba que el político ha descendido diez puntos en intención de voto. Y los Clinton, sus grandes apoyos en el pasado, se han distanciado de él públicamente. Quizá para huir de su propio pasado. Y es que una de las jóvenes que trabajaba en la campaña de Weiner contó en una entrevista que el político llamaba a las becarias que colaboraban con él «Mónica», en una referencia a la becaria más famosa de la historia, aquella que estuvo a punto de costarle la presidencia a Bill Clinton y que convirtió a Hillary Clinton en la mujer de la que todo el mundo se preguntaba por qué seguía con su marido, exactamente igual que ahora sucede con Huma Abedin.

Su seudónimo en la Red

Sydney Leathers es la mujer con la que Weiner mantuvo una relación electrónica tras dimitir como congresista. Esta joven que ha explicado que está estudiando ofertas para hacer una película porno sobre esta historia, ha comentado con todo lujo de detalles en varias entrevistas televisivas cómo fue su relación con el político. Según ella, fue Weiner el que empezó a enviarle fotos y mensajes subidos de tono con el seudónimo Carlos Danger, Carlos «el peligroso». Tampoco se ha cortado Leathers a la hora de opinar sobre la idoneidad de Weiner para la alcaldía neoyorquina. La joven asegura que cree que no tendría tiempo para el ayuntamiento porque está demasiado ocupado con sus conquistas «online»