Dos imágenes ilustran el descontento con la prensa de los manifestantes: gritos y abucheos a un equipo de la cadena televisiva Globo, la mayor del país, y un vehículo de la TV Récord en llamas.
Miles de manifestantes explotaron en silbidos anteayer en São Paulo, cuando un líder que los arengaba criticó a los medios y mencionó a la cadena Globo. «Siempre manipula los hechos y trata de dejar mal a los manifestantes, centrándose solo en el vandalismo y la violencia cuando la mayoría somos pacíficos», comentó una de las manifestantes.
Los grafitis que quedan en las paredes al paso de la marcha dan cuenta de la virulencia que existe contra este canal, parte del influyente grupo que también controla el periódico O Globo. Según reporteros y manifestantes, los profesionales del medio han decidido no utilizar nada que los identifique para poder trabajar sin ser agredidos.
Agresión
Pese a ello, el periodista Caco Barcellos fue cercado e insultado por unos 100 manifestantes que intentaron expulsarlo con gritos de «manipulador». «La única vez que me impidieron trabajar fue durante la dictadura y bajo tortura», argumentó Barcellos.
Su caso no es el único. La noche del martes, un grupo de radicales comenzó a golpear y lanzar piedras a una camioneta de TV Record que después intentaron volcar. Los trabajadores escaparon ilesos del vehículo, que fue incendiado.
El presidente de la Federación Nacional de Periodistas alertó sobre el «peligro» de la violencia contra la prensa por parte de manifestantes, pero también contra la protagonizada por la policía, que la semana pasada en São Paulo la emprendió a palos contra los reporteros. Más de una decena de periodistas resultaron heridos.
Facebook, Twitter, Youtube o Instagram han sido los grandes aliados de los manifestantes, en su gran mayoría jóvenes de la era Internet que confían más en estas redes que en los medios tradicionales como la televisión o los periódicos. «No precisamos más de los medios mainstream. Ahora tenemos a las redes sociales y los medios no pueden callar al pueblo», dijo un joven de 22 años.