Una carnicería de la Edad Media

Anne-Beatrice Clasmann ESTAMBUL / DPA

INTERNACIONAL

Funeral por un miembro de Hezbolá muerto en la batalla por la estratégica ciudad siria de Quseir, donde ya han caído 28 milicianos.
Funeral por un miembro de Hezbolá muerto en la batalla por la estratégica ciudad siria de Quseir, donde ya han caído 28 milicianos. AFP< / span>

Siria es escenario de las más atroces torturas por parte de los dos bandos

21 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Los revolucionarios sirios deben tener cuidado para que su «revolución de la dignidad» no acabe convertida en una carnicería en la que no haya vencedores, sino solo criminales de guerra. En ninguna parte existe una guerra limpia en la que los soldados no abusen de los civiles y los insurgentes no maten a los prisioneros, pero el escenario sirio es uno de los más atroces que ha visto el mundo árabe en los últimos años.

Hay vídeos que muestran cómo soldados del régimen amputan el pene a un hombre y después le torturan con un palo en la boca. Los médicos han fotografiado a víctimas de torturas a quienes les faltan dientes o dedos. Y activistas proderechos humanos disponen de imágenes de presos a quienes las milicias prorrégimen, los shabiha, acuchillan o dan patadas hasta que alaban a Bachar al Asad.

Potros u otros instrumentos de tortura hallados en los centros de interrogatorio de los servicios secretos sirios recuerdan al equipamiento que había en un calabozo medieval. Un extrabajador del canal Al Dunia, cercano al régimen, contó que conoció a un comandante que quemaba a opositores en un horno.

Precedentes

El hecho de que en Siria se estén cometiendo tantos crímenes de guerra tiene que ver quizá con que desde hace décadas impera un régimen que empleaba sistemáticamente la tortura para intimidar a la oposición y amedrentar a la población.

El embajador saudí, Abdulá al Muallimi, habló la semana pasada en una sesión sobre Siria en la Asamblea General de la ONU de «métodos de tortura que superan la capacidad de imaginación humana». En Siria hasta los niños saben cómo funciona la «tortura fantasma», en la que el preso es colgado al techo con unas esposas durante horas. Pero pocos sirios saben lo que son los crímenes de guerra.

Los cuestionables métodos educativos en algunas familias sirias muestran lo arraigada que está la tortura en su sociedad. «Cuando mi hermano pequeño y yo volcamos la nevera una vez jugando, mi padre nos envolvió los dedos con alambre y nos amenazó con conectarlo a un enchufe», recuerda un joven intelectual de Damasco.

Rami Abdelrahman, el director del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, se ha propuesto documentar las atrocidades en su país, independientemente de quién las cometa. Algo que le ha costado las críticas de opositores que creen que no debe difundir los crímenes cometidos por los rebeldes, «porque son víctimas traumatizadas de la violencia del régimen, y solo reaccionan a ello».

Imágenes brutales

También el comandante rebelde Jalid al Hamd intenta justificar así sus atrocidades. Ante el vídeo en el que se le ve mordiendo un corazón que ha extraído a un enemigo muerto, dijo que reaccionó así al ver abusos y torturas en móviles de soldados de Al Asad. Algunos sirios ven en la profanación de cadáveres una consecuencia perdonable de la barbarie del régimen, otros opinan que en la lucha contra un brutal represor no se pueden usar sus mismos métodos.