Entre Al Asad y NetanyahuEntre Bachar al Asad y Netanyahu

Laura Fernández-Palomo ALTOS DEL GOLÁN / E. LA VOZ

INTERNACIONAL

Los sirios residentes en el ocupado Golán divisan el pueblo sirio de Hadaar desde la llamada «montaña del llanto».
Los sirios residentes en el ocupado Golán divisan el pueblo sirio de Hadaar desde la llamada «montaña del llanto». ATEF SAFADI < / span>EFE< / span>

En los Altos del Golán se reproduce las tensión del conflicto sirio y las divisiones se viven hasta en las protestas contra la ocupación israelí

07 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Hasta la montaña del llanto han dejado de acudir los residentes del Golán que, separados forzosamente de sus familias hace 46 años, único lugar fronterizo en el que pueden, a través de megáfonos, comunicarse con sus parientes sirios. «Con la guerra, cada día es más difícil que consigan permiso para llegar hasta aquí». Salman Fajir, descarado y charlatán, calla más que habla estos días. «Porque aquí también hay conflicto, solo que el Ejército israelí no permitiría la violencia, pero hay familias que ya no se hablan», rumia en la alta balconada del centro proderechos humanos árabes Al Marsad, desde donde se ve la valla fronteriza que separa la guerra de estas apacibles colinas. En Majdal Shams, la villa más poblada del territorio sirio ocupado por Israel en 1967, se reproduce la división del conflicto civil y se aleja la solución a la ocupación que pocos sintieron batallada algún día. 

Los drusos, señalados

Hace un año, el primer ataque violento en la conservadora villa de Boqata contra una familia opositora Amasha conmocionó a la pacífica comunidad drusa; mayoría religiosa entre los 20.000 árabes de los Altos del Golán y considerada una de las minorías andamio que sostiene al presidente Bachar al Asad en Siria. Desde entonces, «la tensión entre las dos facciones es mayor», lamenta Fawzi Abo Jabal, quien asegura que las «presiones y amenazas» en Golán se suelen dirigir hacia los opositores.

En el despacho de Abu Jabal, una recogida habitación a pie de calle, entran y salen los ancianos de la villa buscando café y charla. «Mi familia está dentro y mi hermano es sabiha, porque trabaja para la televisión oficial», Munir termina de sorber el café, posa la taza y se marcha sin despedirse. El resto, calla.

El temido término sabiha (milicias armadas prorrégimen, acusadas de haber cometido masacres en Siria) se utiliza entre la broma y la acusación para definir a los simpatizantes de Bachar al Asad. «Si eso significa, ¡yo soy sabiha!», Hamed Awidat, tensa el puño y el cuello, mientras revisa los vídeos que, como productor, enviará a la televisión siria e iraní. «Estamos combatiendo contra terroristas y mafia», refrenda el mensaje oficial del presidente sirio para definir el conflicto que comenzó hace dos años por una ola de revueltas.

En estas montañas ocupadas y militarizadas, los soldados israelíes pasean ajenos a los residentes. No hay contacto ni cruce de miradas. Las manifestaciones que se convocaban contra la ocupación israelí se reparten ahora entre partidarios y detractores del régimen sirio.

La posición israelí

Al principio, decían que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, temió perder a su aliado silencioso que le garantizaba la estabilidad en las fronteras y no era exigente con la devolución del territorio. El escritor Wahib Ayoub cree, sin embargo, que Netanyahu está tranquilo y la prolongación de la guerra ha debilitado tanto a Siria que «es el mejor momento para Israel desde 1967». ¿Cuánto tiempo necesitará Siria para recuperarse y poder negociar una solución para los Altos del Golán?», se pregunta y responde al mismo tiempo. «Ni siquiera teme a los extremistas, que conoce perfectamente. Lo que teme Israel son los estados civiles y democráticos».