El ministro de Exteriores israelí, el polémico ultranacionalista Avigdor Lieberman, seguirá de momento en su cargo pese a su inculpación ayer por abuso de confianza y fraude en un caso de corrupción, si bien matizó que tomará una «decisión final» más adelante.
En declaraciones televisadas tras anunciarse las acusaciones, Lieberman quitó importancia a las inculpaciones, destacó que no está legalmente obligado a dimitir e invocó el compromiso hacia sus votantes de cara a las elecciones del 22 de enero.
Horas ante, el primer ministro Benjamín Netanyahu había deseado a su socio que «pruebe su inocencia». Ambos concurre a las urnas en la lista conjunta del derechista Likud y el ultranacionalista Israel Beitenu. Los sondeos les dan una cómoda victoria.
El fiscal general del Estado, Yehuda Weinstein, inculpó a Lieberman en los dos citados cargos pero le exoneró de dos acusaciones más graves: blanqueo de dinero y obstrucción a la justicia. Cerró así un caso de supuesto enriquecimiento ilícito a través de un entramado de empresas-tapadera de lavado de dinero, y decidió continuar otro menor, en el que está ya condenado Zeev Ben-Arie, un asesor legal de Lieberman. Cuando era embajador en Bielorrusia en el 2008 Ben Arie pasó un sobre confidencial a Lieberman que informaba de una investigación contra él. El ministro ha negado a ver leído dicho sobre.