Es la impunidad lo que está en juego


Para Israel, arrasar Gaza de nuevo, o no hacerlo, no es una decisión militar. Militarmente, esta clase de operaciones, como la ofensiva Plomo Fundido que asoló la franja en el invierno del 2008-9 no tienen ninguna eficacia, y los mandos hebreos lo saben. Aquella impresionante exhibición de fuerza no logró más que causar la muerte de 1.400 personas, en su mayoría civiles, muchos de ellos niños, sin alterar la situación. La idea de que se podía derrocar a Hamás o acabar con sus capacidades militares, resultó una fantasía. Hamás no es algo externo a la sociedad palestina y su capacidad militar es fácil de reconstruir precisamente porque es escasa.

Fue en otro ámbito, el político, en el que Plomo Fundido se vio como un éxito en Tel Aviv. A pesar del horror que la devastación de Gaza causó en la opinión pública mundial, los gobiernos y las organizaciones internacionales que importan no flaquearon en su apoyo a Israel, y esto a pesar de que se forzaron nuevos límites. Aunque se bombardearon escuelas de la ONU o se empleó un arma prohibida como el fósforo blanco, ningún dirigente occidental se atrevió a romper filas por temor a la reacción de Washington, donde un recién inaugurado Barack Obama permaneció en un silencio trapense. Plomo Fundido demostró que Israel podía llegar mucho más lejos sin temer una condena internacional. Ese fue el éxito de la operación.

Y ese es el dilema que se planteaba ayer en los despachos del Gobierno israelí. No si una operación contra Gaza puede proporcionar seguridad a Israel, porque es evidente que mientras Gaza siga sufriendo un bloqueo los palestinos de la franja intentarán que el mundo no lo olvide, sino si Israel conserva el mismo margen de maniobra tres años después de Plomo Fundido. La primavera árabe ha cambiado el entorno. Tel Aviv ya no cuenta con su aliado Mubarak en El Cairo y países como Jordania podrían desestabilizarse si se desbordan las emociones de la calle. La comunidad internacional sigue siendo igual de fiel a Israel (los gobernantes, se entiende) pero, en un momento en el que se exalta la resistencia armada de la oposición siria, sería embarazoso plantear un doble rasero tan evidente. Quizás Israel decida que no le compensa arriesgarse. O quizás decida justamente lo contrario, pero por la misma razón. Porque la impunidad es como el derecho: si no se ejerce, se pierde.

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