Argentina impone la ley del silencio en la fragata

Una cabo critica el manejo de la crisis por la presidenta


Buenos Aires / corresponsal

La detención desde el 2 de octubre de la fragata Libertad, el buque escuela de la Armada argentina, en el puerto ghanés de Tema se ha convertido en un problema para el Gobierno de Cristina Fernández. La presidenta hizo notar su severa indignación en un discurso: «Se podrán quedar con la fragata, pero con la libertad, la soberanía y la dignidad de este país no se va a quedar ningún fondo buitre ni nadie». Aludía al fondo de inversiones estadounidense que pidió el embargo del barco.

Fracasadas las negociaciones de su ministro de Exteriores en la ONU y ante la intransigencia de la Justicia ghanesa, la viuda de Kirchner tomó la decisión de evacuar el buque y dejar solo al capitán y a 44 marinos. Los otros 281 tripulantes fueron trasladados ayer del puerto de Tema al aeropuerto de Accra, la capital. En la pista les aguardaba el avión de Air France fletado por el Gobierno argentino por cerca de un millón de euros. El vuelo AF4140 tenía previsto su llegada hoy de madrugada al aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires.

La evacuación se ha montado como un «secreto de estado» y los marinos han recibido la orden de no tener contacto con la prensa. Incluso los familiares más allegados podrán ver durante unos minutos, y tras anotarse en una lista, a los marinos cuando lleguen a Buenos Aires y antes de que sean trasladados a la Escuela Naval Militar, situada en el sur del país y donde estarán al menos un mes.

Contra la presidenta

Las declaraciones de Cristina Fernández han indignado a la tripulación y a toda la Marina. Pocas horas antes de abandonar la fragata Libertad, la cabo Ivana González, de 23 años, una de las siete mujeres suboficiales del buque escuela, rompió la ley del silencio impuesta por el Gobierno y habló para una radio bonaerense, dejando notar el malestar de la tripulación por las palabras de la presidenta. «No me pareció bien lo que dijo. Me dolió mucho», se quejó.

«Ella no ha navegado en este barco y no sabe lo que se siente... Se me pone la piel de gallina. Puede haber otros que piensen distinto, pero me parece que patriotismo es querer recuperar como sea algo nuestro. Me siento patriota no dejando algo que me pertenece, sino agotando hasta la última posibilidad para recuperarlo», agregó.

La mujer no tuvo miedo de revelar su nombre. «Seguro que me van a decir algo, pero ya no me importa nada. Ya nos vamos». Un marinero, que prefirió el anonimato, aseguró a otra emisora «que la presidenta diga lo que dijo fue una puñalada».

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