Los talibanes atacaron ayer a una delegación oficial afgana y mataron a un policía en Kandahar, donde el domingo se produjo una masacre de 16 civiles, entre ellos nueve niños y tres mujeres. Es la primera muestra de la venganza prometida por los insurgentes tras la matanza de civiles, entre ellos nueve niños y tres mujeres, perpetrada según la OTAN por un militar de EE.?UU. que sufrió una crisis nerviosa en Pajwai.
El ataque insurgente hirió a dos policías y a un civil, y se dirigía contra un grupo de representantes oficiales designados por el presidente afgano, Hamid Karzai, para investigar la matanza. La delegación atacada está integrada, entre otras autoridades, por dos hermanos del presidente afgano, Abdul Qayum Karzai y Shah Wali Karzai, y el gobernador provincial, Turyalay Wessa.
«Salíamos de la mezquita al mediodía, cuando los insurgentes abrieron fuego contra el grupo oficial», dijo un líder tribal local, Hagha Lalai Dastgeri, quien añadió que los talibanes dispararon también dos cohetes.
La versión aliada de un solo autor fue cuestionada por líderes tribales y lugareños, que afirmaron que fue obra de soldados que buscaban venganza por un ataque contra un vehículo estadounidense.
Cientos de afganos se manifestaron ayer en varias ciudades, entre ellas Kandahar y Jalalabad, donde unos 600 jóvenes gritaron consignas pidiendo que el asesinato de los civiles sea juzgado por tribunales afganos.
Medios estadounidenses han afirmado que el autor de los hechos es un sargento de 38 años de la base de Seattle, considerada una de las más problemáticas del Ejército estadounidense. De ella procedían también los cuatro soldados condenados por asesinar a civiles afganos en el 2010 y guardar parte de sus cadáveres como trofeos.