Los anti-Putin no se rinden

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La oposición debate un programa común y pide no desmoralizarse

11 mar 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

La oposición rusa intenta mostrarse unida y decidida, pese a la menor afluencia a la protesta convocada ayer en Moscú contra la elección fraudulenta de Vladimir Putin en las presidenciales del 4 de marzo. Ahora, la tarea pendiente es presentar un programa conjunto.

Las corrientes políticas más diversas, desde la izquierda a los liberales, se presentaron bajo una bandera común ayer en la céntrica calle Nuevo Arbat de Moscú: juntos contra Vladimir Putin. «Lucharemos, no dejaremos que el Kremlin siga nombrando a los suyos», gritaba Serguéi Udaltsov, uno de los organizadores.

El que fuera campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov llamó a los manifestantes a no desmoralizarse, estimando que el movimiento de protesta solo está en sus albores a pesar de que la participación en la manifestación fue menor que en otras anteriores (unas 30.000 personas, según los organizadores, y 10.000 según la policía). «Nos privan de libertad desde hace doce años [cuando llegó al poder Putin]. Es imposible conseguirlo en tres meses», dijo.

Pese a la menor afluencia de opositores -en un día soleado pero con temperaturas bajo cero-, la marcha duró más tiempo que las anteriores, y la multitud escuchó embelesada a oradores como el radical Udaltsov. «Cuando más calor haga, nos manifestaremos durante más tiempo y seremos más», dijo. «No abandonaremos las calles», dijo, y convocó una marcha del millón para el 1 de mayo. Cuando intentó marchar con sus fieles hacia la siguiente plaza, tras dos horas de protesta, fue detenido, como en otras ocasiones.

Nuevas generaciones

El deseo de cambio podía palparse casi con las manos en una protesta en la que hubo muchos rostros nuevos y sobre todo jóvenes. El cambio generacional en la escena opositora salta a la vista, según y exvicejefe de Gobierno Boris Nemzov.

Los observadores recordaban movimientos como el Mayo del 68 en Francia. «No hablen, actúen», gritaban los jóvenes oradores. Muchos de ellos no vivieron los caóticos años noventa tras el desmantelamiento de la URSS. Y ahora buscan librarse del conformismo de sus padres, pues de otra forma nada cambiará. Los jóvenes rusos quieren decidir su próximo destino.

Como el empresario de 27 años Maxim Kaz, que ganó las elecciones al Parlamento municipal sin ser miembro del partido Rusia Unida de Putin. O como Vera Kichanova, de 20 años y también parlamentaria regional, que llamó a una Revolución Naranja al ejemplo de la del 2004 en Ucrania: democrática y pacífica, bajo el lema «Los cambios son posibles».

Y también cambian los contenidos. Del lema «Por elecciones limpias» que dominó las pasadas manifestaciones, surgen otros nuevos y un programa positivo que suponga una alternativa real a Putin, como apostar por reformas judiciales, libertad de prensa y liberación de los presos políticos.