Pyongyang se llena de lágrimas en su adiós a Kim Jong-il

atahualpa amerise SEÚL / EFE

INTERNACIONAL

Imagen de la agencia norcoreana KCNA del cortejo fúnebre de Kim Jong-il, y su hijo Kim Jong-un, primero por el costado derecho del coche.
Imagen de la agencia norcoreana KCNA del cortejo fúnebre de Kim Jong-il, y su hijo Kim Jong-un, primero por el costado derecho del coche. KCNA< / span>

El cuerpo del dictador yace en el palacio Kumsusan, donde está su padre

29 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

El fallecido líder norcoreano Kim Jong-il recibió ayer un adiós multitudinario del país que gobernó durante 17 años, con un cortejo fúnebre que llevó su féretro por las calles de Pyongyang ante miles de llorosos ciudadanos y bajo la atenta mirada de su hijo y sucesor, Kim Jong-un.

La procesión, seguida en directo por la Televisión Central de Corea del Norte (KCTV), partió a las dos de la tarde del palacio Memorial de Kumsusan y recorrió los lugares más emblemáticos de la paralizada capital hasta regresar casi tres horas después al mausoleo donde también se encuentran los restos de su padre, Kim Il-sung.

Al comienzo del recorrido, Kim Jong-un, al que la locutora de la KCTV se refirió como «sucesor», acompañó a pie el coche fúnebre que portaba en el techo, sobre una cama de crisantemos blancos, el féretro negro de su padre envuelto en la bandera roja del Partido de los Trabajadores. Abría la comitiva un vehículo con un gran retrato de unos tres metros de alto de un sonriente Kim Jong-il.

«Está llorando el cielo», proclamó entre lágrimas uno de los militares que aguardaban el paso de la comitiva, en referencia a la intensa nieve que caía.

A pesar de las adversidades, a ambos lados de las calles por donde circulaba el cortejo se congregaron miles de civiles y militares con gesto abatido que, en numerosos casos, expresaron con llantos y llamativos aspavientos su dolor por la muerte del líder. «Mientras estaba aquí de duelo, me desmayé. Echo mucho de menos al líder Kim Jong-il», declaró llorosa An Ri-ho, de 86 años.

Kim Jong-il, que pasará a la historia por hacer de Corea del Norte una potencia nuclear anclada en una crisis económica, murió el día 17, a los 69 años. El funeral concluyó con rondas de disparos y una marcha del Ejército bajo la atenta mirada del sucesor y autoridades.