Algo más que una victoria simbólica

La Voz

INTERNACIONAL

La Unesco no fija fronteras ni dispone de cascos azules, pero la admisión de Palestina como miembro de pleno derecho cuenta más de lo que parece. Como agencia de la ONU que es, la Unesco no tiene más remedio que obrar dentro del marco de sus resoluciones, por lo que casi cualquier cosa que los palestinos soliciten a partir de ahora, desde declarar la Ciudad Vieja de Jerusalén o los Santos Lugares Patrimonio de la Humanidad o reclamar la libre circulación para los universitarios palestinos (se encuentran sometidos a una jurisdicción militar extranjera desde hace décadas), supone poner en evidencia a Israel.

Pero la votación de ayer va más allá, porque muestra cómo han cambiado las percepciones respecto al conflicto de Oriente Medio. Ya nadie cree que el proceso de paz haya sido otra cosa que una táctica dilatoria para favorecer a Israel. El consenso creciente es que se debe dejar hablar al derecho internacional y aplicar las mismas leyes que se han aplicado en otros casos similares. A esto se añade una nueva configuración del poder global, que ayer se hacía muy evidente. Del lado palestino, las potencias emergentes al completo (Rusia, China, la India, Brasil, Sudáfrica); del lado de Israel, un Estados Unidos, que ni siquiera amenazando con llevarse su dinero a otra parte ha logrado imponer su voluntad.

Es otra torpeza más de la Administración Obama, que lo único que ha conseguido de este modo es escenificar el declive norteamericano en la esfera internacional. Y todo para favorecer a un aliado, Israel, en cuya política tampoco consigue influir.

Ante esta falta de credibilidad del proceso de paz, hasta la Unión Europea ha terminado por dividirse, con una Alemania que ha votado en contra, una Gran Bretaña que se abstuvo y una Francia que vota a favor. Si este alineamiento se mantiene (lo que no es tampoco seguro), significaría que, de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad que va a evaluar la candidatura de ingreso palestina en la ONU, ya solo Estados Unidos se opone. Esto obligaría al embajador de Obama a usar su veto. Es lo que el premio Nobel de la Paz quería evitar a toda costa, y con razón: la imagen del gigante arruinado que dice no al mundo entero.