Empieza lo más difícil

Leoncio González

INTERNACIONAL

21 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Una de las razones por las que la guerra de Libia duró tanto, junto con el amateurismo de quienes combatían a Gadafi en el frente, fue la existencia de divisiones entre los jefes que los dirigían. No pequeñas divergencias de matiz, sino antagonismos insuperables. Comprometieron la coordinación de las acciones en el plano militar, dieron lugar a vendettas como la que acabó el pasado verano con la vida del general Yunes y frustraron en dos ocasiones la creación del Gobierno de transición al que se debía encomendar el diseño de la planta del nuevo régimen.

Hasta el momento, esas discordancias estuvieron supeditadas a la necesidad de deshacerse del tirano, pero ahora que ha desaparecido pasarán a primer plano. Hay que prepararse, por tanto, para un futuro repleto de chispazos hasta que las distintas facciones encuentren un terreno de juego común y compartan reglas para repartirse el poder. No conviene descartar, sin embargo, que esta tarea resulte más complicada de lo que da a entender el júbilo con que los libios despidieron al mensajero del desierto. Su muerte no tiene por qué significar necesariamente el fin de la violencia.

Libia es ahora mismo un puzle de fuerzas que se repelen. Sin contar los últimos focos de resistencia gadafista que venderán cara su derrota, el bando de los vencedores está repleto de diferencias explosivas de tipo tribal, étnico y regional. Hay contradicciones entre quienes tienen una cosmovisión islamista y quienes profesan valores seculares. No se pueden perder de vista los recelos que oponen a los que provienen del antiguo régimen y los que lo sufrieron. La escena se complica, finalmente, por la proliferación de milicias armadas en localidades como Bengasi, Misrata, Zentán o Trípoli que se han beneficiado del despojo de los arsenales del dictador y no soportarán la idea de no ser tenidos en cuenta.

Las dificultades que entraña conciliar intereses tan heterogéneos en un momento fundacional como el que se abre a partir de hoy son enormes cuando hay una autoridad firmemente constituida, pero adquieren una dimensión extraordinariamente mayor si la que existe no es reconocida por todos como tal. Pese a que el Consejo de Transición Nacional, encabezado por Mahmud Jibril, ha sido aceptado por la comunidad internacional como el principal centro de poder del país, en el interior es visto como una fuerza política más, cuya autoridad discuten abiertamente no pocos rebeldes. Por lo tanto, queda lo más difícil por delante. Deshacerse de Gadafi ha sido la parte sencilla de una revolución que, a todos los efectos, empieza de verdad ahora.