La decisión italiana de suprimir las provincias constituye un precedente que será muy difícil ignorar en España, donde las viejas diputaciones, un anacronismo del siglo XIX, han quedado ampliamente superadas por el desarrollo del Estado de las autonomías y solo sobreviven por el interés de algunas élites políticas incrustadas en el aparato de los partidos, que se parapetan en ellas para no perder influencia.
La razón que ha esgrimido Berlusconi para tomar la medida es el ahorro: un motivo que no es desdeñable en España, donde algunos cálculos razonables elevan a mil los millones que no sería necesario desembolsar cada año si se extinguiesen los organismos provinciales. Pero es evidente que un profesional del poder ladino como el italiano, para el cual la austeridad no es el primero de los mandamientos, no se habría embarcado en una reforma de este calado si previese que su puesta en marcha podría causar un estropicio político o administrativo.
Esto deja sin argumentos a quienes aún defienden el papel de estas antiguallas del centralismo decimonónico en España. Los avances en el entramado económico y social han socavado las identidades provinciales en beneficio de las autonómicas y las locales. Al mismo tiempo, el crecimiento del Estado de las autonomías ha dejado sin sus funciones originales a las diputaciones, creando en las comunidades autónomas las capacidades para asumir sin dificultad los cometidos en que se especializaron para justificar su supervivencia.
Seguramente puede resultar aceptable, e incluso prudente, observar cómo resuelven los vecinos transalpinos la redistribución de servicios y funcionarios para hacer después aquí una transición con la lección aprendida, pero esa fase no puede ser eterna. Dadas las coincidencias entre el tejido administrativo italiano y el nuestro, se acaba de poner en marcha un reloj que abre una cuenta atrás para las diputaciones. Cualquier proyecto de introducir racionalidad y ahorro en el mapa local español que no tenga en cuenta lo que se disponen a hacer en Italia con este mismo motivo nacerá desfasado.