Obama anuncia un repliegue que no contenta a casi nadie, pero al que se apunta Francia
26 jun 2011 . Actualizado a las 16:33 h.Barack Obama inició el fin de la guerra en Afganistán, después de diez años de conflicto, al oficializar ayer de madrugada un calendario de retirada gradual con la vista en el 2014, como se acordó en la cumbre de la OTAN en Lisboa. Francia fue el único en sumarse a los plazos de EE.UU., aunque Nicolas Sarkozy no ofreció ni cifras ni fechas concretas sobre el repliegue de los 4.000 militares franceses. Los demás aliados mantendrán sus actuales planes.
Mientras los talibanes lo consideraron «un acto simbólico», el presidente Hamid Karzai dio la bienvenida al anuncio, y un portavoz de Defensa aseguró que el Ejército afgano está «totalmente preparado» para llenar el vacío de las fuerzas internacionales. Un optimismo no compartido por aquellos que afirman que los militares son incapaces de manejar la seguridad solos a causa de la filtración enemiga, las tasas de deserción y la adicción a las drogas.
Más que la retirada en sí, lo que estaba sobre la mesa era a qué ritmo se iba a hacer. Obama tiró por el camino del medio, lo que decepcionó tanto a la izquierda demócrata, liderada por Nancy Pelosi, como a los republicanos aislacionistas, como los candidatos Mitt Romney y Jon M. Huntsman, que deseaban una salida más rápida y a mayor escala. Tampoco convence a militares como el general David Petraeus, que aconsejaba un ritmo más lento. El almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor, reconoció que el plan es más arriesgado de lo previsto.
Como se había adelantado hace días, el próximo mes comenzarán a salir de suelo afgano los primeros 10.000 soldados estadounidenses, y a finales de septiembre del 2012, dos meses antes de las elecciones presidenciales, se habrán replegado un total de 33.000. Es decir, el refuerzo enviado por Obama hace 18 meses para luchar contra Al Qaida y frenar el avance de los talibanes. En el 2014, el resto del contingente, 68.000 soldados, deberán estar en casa. En horario de máxima audiencia, Obama explicó a los estadounidenses que el país que sirvió de base para el 11-S ya no representa una amenaza terrorista y que Al Qaida se encuentra muy debilitada y que la apuesta ahora es una solución política, que incluye dialogar con los talibanes. La retirada irá unida a un cambio de estrategia, que se centrará en operaciones encubiertas como la que acabó con Osama Bin Laden. El cansancio de la opinión pública, la presión del Congreso y el enorme coste -un soldado cuesta un millón de dólares al año- están detrás de la decisión de Obama a un año de las elecciones y tras reconocer que el objetivo ahora es construir a un EE.UU. en crisis, pese a que «no vamos a dejar un Afganistán perfecto».