Keiko Fujimori, primera dama de Perú a los 19 años y congresista a los 31, disputa a los 36 la segunda vuelta electoral continuando una precoz carrera política forjada a la sombra de su padre, el expresidente Alberto Fujimori.
Para bien o para mal, recibe la herencia de su progenitor, que en su Gobierno (1990-2000) derrotó a la guerrilla de Sendero Luminoso y a la hiperinflación, pero ahora está preso en Lima, condenado a 25 años de cárcel como autor intelectual de dos matanzas de al menos 25 personas.
La candidata apela a recoger lo bueno de lo que ha definido como «el mejor Gobierno de la historia en Perú» y deslindarse de la larga ristra de historias de corrupción y violación de derechos humanos que caracterizaron el Gobierno de su padre.
Acompañada por varios de los funcionarios de aquella época, espera con expectativa saber si la apuesta le alcanzará para convertirse en la primera mujer presidenta de Perú. En la elección del 2006, con unos 690.000 sufragios, obtuvo la mayor votación de los 120 congresistas, triplicando al segundo más votado.