Fariñas inicia un ayuno para que se investigue la muerte de un disidente

También reclama al Gobierno cubano que cesen las palizas a opositores


redacción / la voz

El disidente cubano Guillermo Fariñas, premio Sajarov 2010 del Parlamento Europeo, inició el mediodía del viernes su vigésimo cuarta huelga de hambre y sed. En esta ocasión, para reclamar que «los cinco policías autores directos de la muerte de Juan Wifredo Soto García, el 8 de mayo, al propinarle una golpiza sean encausados, y que el Gobierno haga un pronunciamiento público en el que se comprometa a no continuar con los golpes a los opositores que se manifiestan de manera pacífica en los espacios públicos».

Fariñas inicia esta protesta «relevando» a otro disidente, Jorge Luis Artiles Montiel, que protagonizó un ayuno de 25 días, hasta que fue ingresado en un hospital de Santa Clara, ciudad donde viven ambos.

Aunque la disidencia atribuye la muerte de Soto García a una paliza, tanto el Gobierno como los médicos que lo atendieron y la familia negaron que sufriese golpes. Según la versión oficial, murió de una pancreatitis aguda.

Sin embargo, Fariñas asegura que el Gobierno cubano manipuló la declaración que le dieron a la familia. «La familia vive cerca de mí, yo hablo con ella y Soto García contó que lo habían golpeado», asegura. «También a mí y a otros 30 opositores nos refirió cómo fue la golpiza», añade. Y es más, arguye que «el médico que firmó el informe sobre la pancreatitis fue oficial de la Seguridad del Estado en los años noventa, Ricardo Rodríguez. Por eso queremos que investiguen».

El disidente, también premio Derechos Humanos de la ciudad alemana de Weimar, detalla que Soto García les explicó que «tras ser esposado recibió golpes en las piernas para que se arrodillara y que incluso dentro del auto patrulla siguieron golpeándolo».

Tan convencido está Fariñas de su lucha que asegura tajante estar dispuesto a llegar «incluso a la muerte, no le dé más vueltas». De momento, comenta, no se encuentra mal. Su anterior protesta condujo a una negociación de la Iglesia católica con el Gobierno cubano para la excarcelación de decenas de disidentes. Ahora, dice, «estamos en manos de Dios porque en ninguna ley cubana está que los paramilitares puedan golpearnos [a los opositores] ni siquiera esposados, por eso queremos que el Gobierno se comprometa a no seguir apaleando a la oposición pacífica», concluye.

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