Además de unos resultados electorales inciertos, las numerosas encuestas publicadas esta última semana en Portugal coinciden en una cosa: el pesimismo está instalado en el corazón de la sociedad. Los resultados son contundentes. El 61 % de los encuestados responden que dentro de un año la situación del país va a ser peor, frente a un 14 % más optimistas que confían en que las circunstancias mejoren tras los comicios electorales.
Del total del colectivo encuestado, el grupo de los mayores de 45 años son los que menos confían en el futuro y lo ven con peores ojos (57,3 %). En Portugal hay un millón de personas de más de 70 años que viven por debajo del umbral de la pobreza, según datos oficiales. Ayer, el diario «Expresso» revelaba en un reportaje que más de 40.000 familias del área metropolitana de Lisboa han solicitado una plaza en un centro de acogida ante la imposibilidad de afrontar el pago de su vivienda.
El aumento del paro por el elevado coste social que va a acarrear la aplicación de las medidas de ajuste necesarias para saldar una deuda con la Troika (BCE, FMI y UE) de 78.000 millones de euros justifican el pesimismo.