Relaciones con una subordinada, un intento de violación en el 2002 y fotos comprometidas jalonan su currículo sexual
16 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Dominique Strauss-Kahn comparte su inmejorable reputación como economista y hombre de Estado con un único punto débil: su relación con las mujeres. No es la primera vez que su nombre aparece ligado a un escándalo de connotaciones sexuales, aunque quienes lo conocen lo ven como «un ligón» y en ningún caso como un violador.
En el 2008 estuvo a punto de dejar la dirección del FMI por sus relaciones con una subordinada. La investigación interna concluyó que no hubo abuso de poder, sino «un error de juicio», pero la economista húngara Piroska Nagy sostuvo hasta el último momento que «él abusó de su posición». En un escrito dirigido a los investigadores concluye que «este hombre tiene un problema que quizás lo hace poco apto para dirigir una organización donde trabajan mujeres». Entonces, Strauss-Kahn pidió disculpas públicamente, pero nunca más quiso hablar de este asunto, «circunscrito al ámbito privado».
Un año antes, la periodista Tristane Banon contó en directo en televisión cómo un conocido político había intentado violarla en el 2002. Narró que la citó en un elegante apartamento donde había poco más que una cama, cómo la entrevista se transformó en asalto y cómo ella pudo escapar con el sujetador arrancado después de haber rechazado claramente sus avances. El encuentro terminó con una violenta pelea en el suelo. A fuerza de golpes y patadas, la joven impidió que el agresor le quitara los pantalones. En el 2008 reconoció que ese hombre era Strauss-Kahn. Hija de una diputada socialista, renunció a presentar denuncia.
Otra diputada, Aurelie Filipetti, se ha confesado víctima de un burdo intento de ligue que desembocó en acoso. La presión de Strauss-Kahn llego a tal punto que se las tuvo que ingeniar para «no encontrarme nunca sola con él en un lugar cerrado».
Los lectores no tuvieron problema en identificar a Strauss-Kahn como el conocido político que el superventas del 2006 Sexus politicus presentaba como asiduo a un selecto club de intercambios sexuales. Ese mismo año, el ahora secretario de Estado de Comercio, Frédéric Lefebvre, se jactaba de tener en su poder fotos altamente comprometidas sobre las infidelidades del dirigente. Corrían entonces tiempos de primarias en el partido y Lefebvre era jefe de gabinete de Sarkozy. Pero incluso entre los socialistas se hablaba de los líos de faldas del que fue ministro de Economía con Lionel Jospin. Manuel Valls reconocía entonces que «podría explotar en pleno vuelo con sus historias de mujeres».
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