Gadafi resiste mejor de lo esperado

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

25 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

T al y como se temía, los rebeldes de Bengasi no logran capitalizar la ventaja que les han proporcionado los bombardeos de la coalición internacional. De hecho, y a pesar de las declaraciones triunfalistas que difunden sin parar los países de la coalición, las fuerzas de Gadafi están resistiendo mucho mejor de lo que se esperaba.

No es que los ataques no hayan servido de nada. En particular, la aviación francesa, al destruir una docena de blindados gadafistas en la región de Bengasi, ha hecho desaparecer del todo la amenaza sobre la capital rebelde. Pero una cosa es defender y otra atacar, y para esto los rebeldes no están preparados. Su problema es sobre todo la falta de organización. Ni siquiera se puede contar con las unidades del Ejército regular que desertaron, y que ahora se ve que, más que pasarse al bando rebelde, se disolvieron en él perdiendo toda disciplina. Ayer los sublevados seguían atascados en Ajdabiya, a muchos cientos de kilómetros de sus objetivos últimos.

Ajdabiya es crucial porque sin ese punto de apoyo no se puede atravesar el extenso desierto que se interpone entre los rebeldes y Gadafi. Y es ahí también donde se ven los límites de la intervención aérea. Los tanques gadafistas se encuentran a la entrada misma de la ciudad. Bombardearlos causaría víctimas civiles casi con toda seguridad, algo que, de momento, se quiere evitar, aunque la experiencia nos dice que este propósito irá flaqueando si la parálisis se prolonga. Cada hora de vuelo de un F18 cuesta 20.000 euros.

Por eso ayer se podía escuchar el lento giro de la veleta de la diplomacia hacia una interpretación más generosa de la resolución 1973. El ministro de Exteriores francés hablaba de «las posibilidades extremadamente ricas» de este texto que ya se ha estirado como un chicle.

En Gran Bretaña (que ya puso soldados en el terreno en su momento) se sugería desplegar fuerzas de operaciones especiales «únicamente para señalar los blancos a la aviación». Francia, sobre todo, estuvo ayer insistiendo en que la resolución dice que no permite «tropas de ocupación», pero no dice nada de «tropas de intervención»... Es decir, que vamos hacia una intervención terrestre. Lo único que podría evitarlo sería la muerte del coronel Gadafi y, aunque las potencias occidentales niegan la menor intención de eliminarlo físicamente, lo cierto es que los bombardeos en los alrededores de Trípoli parecen cada vez más un asunto muy personal.

Otra opción aún más desesperada, armar a los rebeldes, ya se ha puesto en marcha. A través de Egipto están llegando las armas y el Consejo Nacional Interino de Transición de Bengasi acaba de nombrar «ministro de Economía» a Ali Tarhuni, un académico formado en Estados Unidos que hará de intermediario para estas operaciones.

Ese sí es un éxito porque de momento es el único cargo en el que han podido ponerse de acuerdo.