La guerra judicial de Julian Assange por evitar su extradición a Suecia recuerda de algún modo a la enconada lucha que mantuvo el dictador chileno Augusto Pinochet con la Justicia británica, tras ser arrestado en Londres en octubre de 1998 por la emisión de una orden internacional cursada por el juez español Baltasar Garzón, que lo acusaba de violar los derechos humanos en Chile entre 1973 y 1990. Su paso de unos tribunales a otros, tras presentar sus abogados varias apelaciones, duró hasta marzo del 2000, cuando el Gobierno y las autoridades judiciales británicas le permitieron regresar a su país. Ayer, el abogado defensor de Pinochet en aquellos días, Michael Caplan, indicó que «no es el final del proceso de extradición de Assange». Casualidad, uno de los abogados de Pinochet, Clare Montgomery, es la actual fiscala en la acusación contra el australiano fundador de Wikileaks. foto efe