El apocalipsis de la «Yamajiriyya»

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

Yamajiriyya. Ese es el nombre que se inventó el coronel Gadafi para Libia cuando puso en marcha su proyecto político autocrático y autogestionario. Significa «Estado de las masas». Pero eran precisamente esas masas las que ayer libraban una lucha desesperada contra ese Estado.

El este del país en rebelión abierta, unidades militares pasándose a los revolucionarios, altos cargos del Gobierno que dimiten, los líderes religiosos llamando a la sublevación... Si es cierto que Gadafi ha huido de Trípoli para ir a esconderse al oasis de Sabha, ese será literalmente su único oasis en el apocalipsis en el que ha convertido el fin de su régimen de cuarenta y dos años.

Hicieron falta cuatro semanas de protestas para que cayese Ben Alí en Túnez, para Mubarak solo se necesitaron dos, pero han bastado cuatro días para hacer tambalear un régimen que todos creían inexpugnable. ¿Cómo ha podido ocurrir tan rápido? Saif al-Islam, el hijo mayor de Gadafi, tenía razón en algo cuando se dirigió a los libios por televisión para amenazarlos: «Libia es un país de tribus». Así es.

Asombrosamente impermeable a la modernidad, a la riqueza instantánea del petróleo y a los estrambóticos programas revolucionarios de Gadafi, las antiguas Cirenaica y Tripolitania han conservado una estructura de clanes muy vigorosa hasta la actualidad, en parte gracias al coronel y a su empeño en diluir el Estado. Fue para mantener el apoyo de las tribus por lo que Gadafi tuvo que teñir su inicial pseudosocialismo de pseudoislamismo, y luego justificarlo todo en su Libro verde, cuya lectura obligatoria fue uno de tantos abusos de los derechos humanos en el régimen libio, aunque ni remotamente el más grave.

Ese pacto con las tribus, sellado con sangre y petróleo, en el que se basaba el poder de Gadafi, se ha roto al ordenar disparar sobre los manifestantes. De hecho, han tenido que hacerlo mercenarios extranjeros. Esta es ahora la lucha de una familia, los Gadafi, contra un país. Mientras el mediocre pintor doctorado en Políticas Saif al-Islam tronaba en televisión, Khamis y Saadi preparaban para el contraataque las unidades militares que ellos controlan personalmente, y que son prácticamente las únicas pertrechadas del país. Esta es otra razón del relativamente fácil triunfo de los rebeldes en el este: Gadafi debilitó conscientemente al Ejército tras los intentos de golpe contra él en los ochenta y noventa.

Ayer, la aviación ya estaba bombardeando Trípoli, pero también se supo que dos cazas libios habían desertado y aterrizado en la vecina Malta. Pero cuando un Gobierno utiliza su aviación como arma antidisturbios es que está ya cerca de su fin.